martes, 28 de mayo de 2013

LA LITERATURA ISLÁMICA CASTELLANA: SIGLOS XIII-XVII







 LA LITERATURA ISLÁMICA CASTELLANA: 
SIGLOS XIII-XVII



(Obra de Xavier CASASSAS CANALS (1) 
que resumí y expuse en el Kursaal de Algeciras
en el  V Encuentro Hispano-marroquí)



NOTA. Obra que resumí y expuse en el V Encuentro Hispano-marroquí, en el Kursaal de Algeciras. 

RESUMEN DE LA OBRA. 

En este interesante trabajo científico de más de 100 páginas, el autor establece una periodización de la literatura islámica castellana de los siglos XIII-XVII y ofrece una relación y descripción detallada de los manuscritos islámicos en lengua castellana escritos en caracteres latinos en España por los musulmanes antes de la expulsión (1609-1614). 
Actualmente existe un gran número de ediciones de obras de la literatura islámica española en lengua romance, así como innumerables artículos sobre obras concretas o aspectos muy determinados de las mismas. Pero el autor nuestra en este libro una originalidad triple: estudia la cuestión con una visión de conjunto; define de forma clara una cronología y una categorización de las obras que componen este corpus textual, retrocediendo la cronología al siglo XIII, contrariamente a lo que estipularon Viguera, M.J. y Epalza, M. (2) que sitúan esta literatura en el siglo XVII y fuera del territorio español; elabora por fin un catálogo general de los manuscritos conservados, y una actualización revisada, ampliada y detallada de los catálogos existentes (3). 
El autor insiste en resaltar aquí la opinión de Hegyi que ha expuesto a lo largo de todos sus trabajos según la cual, para poder entender y enmarcar debidamente el estudio del origen y naturaleza de esta literatura, hay que tener en cuenta que forma parte del grupo de las literaturas islámicas no árabes y que comparte con ellas muchos rasgos, tanto temáticos y lingüísticos, como por lo que se refiere a su origen y formación (4). El hecho de que se cree o surja una literatura islámica en el seno de una lengua diferente a la árabe, en este caso la castellana, no es excepcional, pues a lo largo de la historia podemos observar cómo han surgido literaturas islámicas, con mayor o menor fuerza y grado de consolidación, casi siempre que una comunidad que tiene como propia una lengua diferente a la árabe, empieza a vivir el Islam como fe propia y a hacer suyas sus enseñanzas (5). 

1. Literaturas islámicas. 
El autor reconoce que el hecho del surgimiento de una literatura islámica en lengua romance se debe a una situación excepcional de aculturación, consecuencia de la opresión sufrida por los musulmanes en el seno de las sociedades cristianas. Pero considera que es importante también enfocar la aparición de la literatura islámica en lengua romance en el marco global de las literaturas islámicas no árabes y no como un hecho excepcional y aislado. Dice al respecto: 

                          “Denominamos literatura islámica aquella que se crea en el marco de una determinada lengua para expresar y difundir las enseñanzas del Islam y el acervo cultural propio de la civilización islámica. Se incluyen en este tipo de literatura tanto las obras fundamentales para la difusión y mantenimiento de una sociedad islámica (traducciones del Alcorán, comentarios exegéticos, compendios de tradiciones, obras de derecho islámico, textos devocionales, etc.), como textos literarios ya sean narrativos o poéticos. Se trata de una literatura escrita, normalmente, por musulmanes para musulmanes”.

Si a lo largo de la historia, afirma el autor, han surgido y surgen literaturas islámicas en los más diversos idiomas utilizados por los musulmanes, no debe sorprender el hecho de que en la Península Ibérica surgiera una literatura islámica castellana que se mantuvo viva durante siglos. En algunos casos estas literaturas islámicas pueden llegar a crecer y consolidarse de tal forma que se crea una versión islámica de la lengua en ellas empleada. Cuando una versión islámica pasa a ser adoptada por la mayoría de los hablantes de dicha lengua, es decir, se convierte en la versión mayoritaria y estándar, ya no hablamos de versión islámica, sino de lengua islámica, es el caso, por ejemplo, de la lengua persa. En otros casos la versión islámica de una lengua no consigue convertirse en mayoritaria o estándar, es sólo utilizada por una más o menos grande minoría de los hablantes de dicha lengua, y convive con otras versiones religiosas de la misma lengua. Es el caso, por ejemplo, de la versión islámica del español (minoritaria), que durante siglos convivió con la versión hebrea del español (también minoritaria) y con la versión cristiana del español la mayoritaria, que prevaleció como versión estándar (6). 

2. Literatura islámica española. 
Para el autor la literatura islámica española escrita en el periodo que va del siglo XIII al siglo XVII se puede dividir siguiendo criterios lingüísticos en dos grandes categorías si se tiene en cuenta como elemento clasificador la lengua utilizada: 
1) literatura islámica con utilización del alfabeto árabe para escribir textos y obras en lengua castellana. 2) literatura islámica en lengua romance. 
Si se atiende además al sistema de escritura, al alfabeto, utilizado para transcribir estas lenguas, se puede dividir cada una de estas categorías a su vez en dos subcategorías: 

 1) literatura islámica en lengua árabe. 
          1.1) escrita utilizando el alfabeto árabe. 
          1.2) escrita utilizando el alfabeto latino. 
2) literatura islámica en lengua romance (catalán, aragonés, castellano) 
         2.1) escrita utilizando el alfabeto latino. 
         2.2) escrita utilizando el alfabeto árabe. 

Unificar los criterios de clasificación (7) ayudaría, dice el autor, a eliminar parte de la confusión que resulta de un empleo inadecuado o impreciso de las denominaciones “literatura aljamiada”, “literatura morisca” o “literatura aljamiado-morisca”. En este contexto el autor insiste en que el término “aljamiado” sólo debería emplearse para referirse a las obras escritas en lengua romance utilizando el alfabeto árabe (8). Utilizarlo de forma extensiva para todas las obras islámicas castellanas o hablar de “textos aljamiados en caracteres latinos” no sólo es inadecuado, sino que contribuye a crear confusión y malentendidos tanto entre los especialistas en el tema, como entre quienes no los son. La literatura aljamiada es sólo una parte de la literatura islámica española y, formará parte, en cada caso según la lengua utilizada, de uno de los subgrupos de la literatura islámica en lengua romance. Para aclarar amalgamas el autor subraya que: 

                           “En ningún caso y bajo ningún concepto, precisa el autor, se puede hablar además de una comunidad religiosa islámica única y homogénea para todo el territorio español. Entre un musulmán de la comunidad religiosa islámica aragonesa y un musulmán de la comunidad religiosa islámica granadina, hubo durante siglos, por lo general, diferencias sociales, políticas y lingüísticas semejantes a la que puede haber actualmente, por ejemplo, entre un musulmán argelino o tunecino y un musulmán español. El hecho de que una determinada categoría de las presentadas en la clasificación se dé en una de las comunidades religiosas islámicas existentes 3 en España, no implica que no se pueda dar al mismo tiempo las otras categorías de obras en la misma comunidad”. 

O sea si, hasta finales del siglo XVI y principios del XVII circularon y se escribieron obras en lengua árabe en el seno de las comunidades musulmanas castellanas y aragonesas (9), ello no se debe tener en cuenta cuando se habla de la literatura islámica de estas comunidades. Esta literatura islámica en lengua árabe forma parte de la literatura de mudéjares y moriscos, con el mismo derecho que la literatura en lengua romance de estas comunidades musulmanas. Prescindir del estudio de los textos árabes hace que tenga una visión parcial y sesgada, reducida e inexacta de la literatura conservada, escrita, difundida y transmitida por esos musulmanes denominados según las circunstancias ora mudéjares ora moriscos. Téngase en cuenta, además, que muchos de los manuscritos conservados son versiones bilingües o alternan en un mismo texto párrafos en romance con párrafos o citas en árabe. 

3. Literatura islámica castellana. 
Es la formada por aquellas obras de la literatura islámica española escritas en lengua castellana, ya sea utilizando el alfabeto árabe o el latino. 

Para evitar las confusiones que hasta la actualidad se mantiene, incluso entre los especialistas (10), al autor le parece necesario referirse al conjunto de estas obras con el nombre de “literatura islámica castellana” (11) porque denominaciones como “literatura aljamiada” (12), “literatura morisca” o “literatura aljamiado-morisca” no corresponden a la realidad (13). Porque ni toda la literatura islámica castellana es aljamiada, ni mucho menos es toda ella atribuible a los moriscos. La confusión al respecto es tan grande, incluso entre excelentes especialistas sobre temas aljamiados y moriscos, que vemos, por ejemplo, como autores de la talla de Galmés o García Arenal hablan de literatura escrita por los moriscos en el siglo XIV y XV, cuando hablando con rectitud no se puede hablar de moriscos antes del siglo XVI, ya que el estatus jurídico de morisco no existió con anterioridad. “Las palabras cristiano nuevo y morisco no pueden emplearse con referencia a fechas anteriores al mes de enero de 1500.” (14). Sería conveniente, a la hora de describir los textos manuscritos que forman parte de este corpus, utilizar una terminología consensuada similar a la utilizada por aquellos investigadores que se ocupan del estudio de los textos aljamiados hebraicos. Hablar, por ejemplo, de manuscritos en “castellano araboaljamiado”, “aljamiado árabe castellano” o “castellano aljamiado árabe” es más preciso, recuerda el autor, a la hora de describir los manuscritos correspondientes que hablar de forma global e imprecisa de manuscritos aljamiado-moriscos. Sorprende que, para describir textos y manuscritos se utilice como atributo lingüístico el término morisco que se refiere a una condición meramente jurídica, más cuando este término ha acumulado a lo largo del tiempo una carga semántica a veces negativa y algo confusa, marcada en muchos de los casos por prejuicios y tendencias ideológicas, que poco tienen que ver con los estudios lingüísticos o islamológicos. 

                           “Incidieron evidentemente en algunos aspectos de esta literatura, pero no hasta el punto que podamos hablar de literatura mudéjar o literatura morisca, como literaturas independientes, diferenciadas y con una idiosincrasia propia. Además hay que tener en cuenta que un mismo autor musulmán pudo pasar una parte de su vida bajo el estatus jurídico de mudéjar y otra parte de su vida bajo el estatus jurídico de morisco, sin que esto hiciera que variara su forma de escribir o de participar en la formación de la literatura islámica castellana, más allá del hecho y circunstancias que implica la persecución y clandestinidad propia de la segunda etapa, que afectan más a la transmisión y difusión que no a la creación”. 

4. Una periodización de la literatura islámica castellana: siglos XIII-XVII.
Algunas de las obras principales de la literatura islámica castellana pueden fecharse como pertenecientes al siglo XIII, por ejemplo, del Poema de Yúsuf. Aunque algunos autores (15) quieren dar una fecha más tardía de redacción de esta obra (siglos XIV, XV, XVII), el autor considera más válidos y convincentes los criterios lingüísticos que lo sitúan en el siglo XIII. Busell refiriéndose al Poema de Yúsuf, escribe: 

                    “Es puro ejemplo de mester de clerecía de los siglos XIII-XIV, en su lenguaje, en su regularidad métrica absoluta, y en especial en sus hemistiquios formularios. No es obra de ningún imitador morisco de una técnica de la poesía cristiana. La capacidad del poeta es de un practicante muy dentro del sistema poético del mester del siglo XIII. En otras palabras, no hay diferencia alguna entre el método de Alixandre, Apolonio, etc.: es de la misma estirpe del mismo repertorio". (16). 

 Según M. Abella también ha de fecharse a fines del siglo XIII la obra Leyes de Moros (17). El manuscrito original de esta obra, que durante mucho tiempo se creyó perdido, fue localizado en Suecia, en la Universidad de Uppsala, entre el legado del hispanista Sueco Günnar Tilander. Abboud-Haggar ha anunciado la publicación de una nueva edición del texto de Leyes de Moros, realizado conjuntamente con Galmés a partir del manuscrito Til. 1 de la Universidad de Uppsala. 
Por su parte Amador de los Ríos, J., hablando del Poema, aclaró que: 

                       “Este texto que había sido considerado un tratado jurídico. De los breves pasajes que hemos transcrito, se ha podido deducir con cuánta razón ponemos el de Poema Yusuf en la primera mitad del siglo XIII o en los primeros años de la segunda, no faltando tal vez quien, estudiadas concienzudamente las formas del lenguaje, cuya inexperiencia en la dicción llega al punto de no seguir la irregularidades ya establecidas en las voces conjugables, se decida a creer muy al principio de la misma centuria, no habiendo en verdad dificultad alguna histórica que lo contradiga”. (18). 

 La literatura islámica castellana, de la que el Poema de Yúsuf es uno de sus epígonos se mantiene viva en la Península Ibérica, con mayor o menor fuerza –a pesar de lo inclemente de las circunstancias a partir de los decretos de conversión forzosa de los musulmanes de Castilla en 1505 y de los de la Corona de Aragón en 1525- hasta inicios del siglo XVII, momento de la expulsión definitiva de los musulmanes en 1609-1614. Entre las últimas obras escritas en suelo español, podemos destacar la obra poética de Mohammad Rabadán, autor originario de Rueda del Jalón (Aragón), escrita en 1603. (19) 

Esta literatura se mantiene viva después a lo largo del siglo XVII en Túnez, Argelia o Marruecos. Entre los autores que escribieron en el exilio cabe destacar a Muhammad al-Wazir de Pastrana y Juan Alonso Aragonés en Marruecos, Ibrahim de Bolfad en Argel e Ibrahim Taybili en Túnez (20). 
 Nos gustaría remarcar que, con el establecimiento de estos hitos temporales no se pretende excluir una literatura islámica castellana anterior, ni negar la existencia de una literatura islámica castellana posterior (21). 

5. Relación de obras islámicas castellanas en caracteres latinos: siglos XIV-XVII. 
Además de la existencia de una literatura islámica castellana anterior al siglo XIV, ofrecemos aquí una primera relación de obras islámicas escritas en caracteres latinos por los musulmanes en la Península Ibérica antes de su expulsión. Hasta el momento no existía ninguna relación de este tipo y es importante su realización, entre otras cosas para evitar que se siga manteniendo la opinión errónea y comúnmente aceptada, de que la aparición de textos pertenecientes a la 5 literatura islámica castellana escritos en caracteres latinos es un hecho que se produjo en fecha muy tardía y que tuvo su origen fuera del territorio español, entre los musulmanes exiliados en Túnez, Argel o Marruecos. 
Parece difícil sostener esta idea ante la existencia de manuscritos en caracteres latinos redactados en tierras españolas mucho antes de la expulsión. 

N° 1. Súplica o plegaria inicial en uno de “los manuscritos de Ocaña. Lamentablemente, a pesar de la casi treintena de trabajos sobre estos manuscritos carecemos hasta el momento de una descripción detallada de los mismos. En los innumerables trabajos que Martínez Ruiz y Albarracín Navarro han dedicado a estos manuscritos, editando parcial o íntegramente alguno de ellos, la descripción de los manuscritos es mínima, llegando a veces a ser confusa y contradictoria (22). 
 El autor ofrece una reproducción fotográfica de los folios 9v y 10r. Por la letra del manuscrito y las indicaciones, no del todo precisas que Martínez Ruiz da de los manuscritos encontrados en Ocaña, parece que el texto debe datarse entre finales del siglo XIV y principios del XV. 
N° 2.- Libro de las abluciones en escritura bilingüe árabe y español en letra gótica cursiva, incluido en uno de los manuscritos encontrados en Ocaña. 
Juan Martínez Ruiz y J. Albarracín Navarro ofrecen la reproducción fotográfica de uno de los folios de este manuscrito (23). Es de suponer que esta obra es la misma que describe J. Albarracín Navarro (24) titulada el “capítulo en el aguado del debido” y que según esta autora está incluida en el segundo tomo de un Alcorán árabe (folios 63r-86r) de Ocaña. 
N° 3.- El poema de Mahomat el Xartosse, autor del siglo XIV/XV, recopilado en el Cancionero de Baena con el número 522 (25). Mahomat al Xartosse, médico del almirante Diego Hurtado de Mendoza, forma parte del grupo de “grandes sabios y letrados de este reino” a los que Sánchez de Talavera plantea una pregunta en torno a cuestiones relativas a como pueden ser compatibles la presciencia divina y la libertad humana (26). 
N° 4.- Leyes de Moros. El manuscrito original (s. XIII/XIV) se conserva en la Biblioteca de la Universidad de Uppsala. Una copia de este manuscrito realizada en el siglo XVIII por orden del archivero don Manuel Abella se conserva en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia (27). 
N° 5.- Traducción completa del Alcorán, manuscrito T 235 de la Biblioteca Pública Provincial de Toledo, escrito entre abril y julio de 1606. Roqué ha editado el texto de este manuscrito en Alcorán. Traducción castellana de un morisco anónimo del año 1606. 
Algunos de los errores de esta edición han sido puestos de relieve por López-Morillas, C., en “¿Sirve 'Aljamía' de algo?”. 
 N° 6.- Romance Altísimo Protector, folios 1r-1v del manuscrito J-64 de la Junta. Letra española del siglo XVI. (28). 
N° 7.- Fragmento de una aljutba en versión bilingüe árabe y castellano (29). Letra gótica cursiva. Ms. V-12 de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia. 
N° 8.- Dos tratados en verso: La Degüella de Ibrahim y un canto de las lunas del año en redondillas que comienza “Aquí verás buen hermano / amado de corazón / de las lunas un sermón / puesto en metro castellano”. Este manuscrito aparece descrito por P. Gil en su catálogo. Formaba parte de los manuscritos encontrados en Almonacid de la Sierra (30). 
N° 9.- Manuscrito S-1 de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia. Obra miscelánea que contiene diversos capítulos sobre las excelencias de ciertas prácticas devocionales, narraciones piadosas. (31). 
N° 10.- Consejos dados por Mohammad a Alí y las Coplas sacadas de los castigos del hijo de Edam (53). Fechado en 1522. 
N° 11.- El Compendio sobre la religión musulmana de Muhammad Devera. Manuscrito Esp. 397 de la Biblioteca Nacional de París. Escrito poco antes de la expulsión (32).
N° 12.- La vida de Muhammad y su genealogía, escrita con anterioridad al diciembre de 1455, fecha en la que consta que Isa de Gebir entregó un ejemplar de la misma a Juan de Segovia (33). 
N° 13.- La comedia de los milagros de nuestro santo profeta. Obra que representó varias veces, en fecha indeterminada, hasta que su representación fue prohibida por la Inquisición. Se lee en el Prólogo:

                        “Y este es uno de los milagros que consta en muchas escrituras, así arábigas como castellanas, de adonde sacó el poeta español antes de nuestra expulsión la Comedia de los milagros de nuestro santo profeta, la cual se representó un día en la corte mostrando en ella la verdad, y figurándolo con su vestidura verde sembrada de estrellas, y cómo se partió la luna y entró por ella y salió cada media por su manga. Y visto el tribunal de la Inquisición donde preside el demonio, y tiene por consejeros el engaño y ceguedad, este declarar a los tristes inocentes la verdad, estándola representando otro día con grande atención y gusto de los creyentes, enviaron por los comediantes y el poeta, a los unos les vedaron el hacerla, y al otro quisieron castigar. Y dando su descargo y que aquello constaba por sus escrituras auténticas, lo recibieron por tal y le mandaron callase y no lo dijese a nadie, temerosos del vulgo, de suerte que todo aquello que no les está bien publicar para sustentar su débil secta, está prohibido con penas rigurosas que tendrán ellos en el otros mundo”. (34). 

 5. 1. Obras de Isa de Gebir muftí y alfaquí mayor de los musulmanes de Castilla (35). 
Consideramos apropiado, recuerda el autor, hacer mención aparte de las obras de Isa de Gebir, debido a la gran influencia que tuvieron y la gran difusión que alcanzaron, lo que hace que ocupen un lugar singular y especial en el corpus de la literatura islámica castellana. 
Aunque se atribuye a Isa de Gebir un importante papel en el origen y desarrollo de la literatura islámica en lengua romance en caracteres árabes (la literatura aljamiada), no hay ningún testimonio o prueba de que este autor hiciera uso de la escritura aljamiada. La versión castellana del Alcorán que escribió por encargo de Juan de Segovia fue sin lugar a dudas escrita en castellano en caracteres latinos (36). Por lo que respecta a su obra Breviario Sunní (37), hay claros indicios que muestran que el original debió estar escrito originalmente en castellano en caracteres latinos. Uno de ellos es la presencia de esta obra (acabada de escribir el año 1462) en fecha anterior al 1468 en la biblioteca de Álvaro de Zúñiga, duque de Plasencia (38) y también la presencia (en el año 1616) de otra obra de Isa de Gebir, que puede tratarse también del Breviario Sunní, o de una obra de polémica anticristiana, en la Biblioteca del Convento de San Agustín de Salamanca. El hecho de que Juan López de Salamanca escribiera ya en 1462 una refutación a la obra de Isa de Gebir, la cual es de suponer que leería en castellano en caracteres latinos. Además hay que tener en cuenta que de los seis manuscritos que conservan una copia completa del Breviario Sunní, sólo uno está escrito en castellano en caracteres árabes (39). 
Wiegers supone que Isa de Gebir escribió primero sus obras en castellano en caracteres árabes y luego el mismo, u otros musulmanes, se encargaron de hacer una versión de las mismas en caracteres latinos (40). Nosotros consideramos, dice el autor, que Isa de Gebir escribió todas sus obras en castellano en caracteres latinos y que la redacción de las mismas en castellano en caracteres árabes fue posterior (41). Isa de Gebir es una de las grandes figuras de la literatura islámica castellana sobre la que ejerció una gran influencia, pero al haber escrito sus obras en castellano en caracteres latinos, no puede relacionársele, así como se viene haciendo habitualmente, con el origen, establecimiento y difusión de la literatura islámica castellana o romance en caracteres árabes, es decir, la literatura castellana, o romance, araboaljamiada. 

 A continuación una relación de las copias manuscritas escritas en caracteres latinos conservadas de las dos principales obras de este autor. 

5.2. Copias del Breviario Sunní (escrito en 1462). 
N° 14.- Manuscrito S-3 de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia. Fue encontrada por la Inquisición en poder de Juan López, converso y vecino de Villafeliche (Zaragoza) (42). Pascual de Gayangos publicó una edición de este manuscrito (43). 
N° 15.- Manuscrito 2.076 de la Biblioteca Nacional de Madrid. Códice de fines del siglo XVI. (44). N° 16.- Manuscrito 6.016 de la Biblioteca Nacional de Madrid. Letra de finales del siglo XVI (45). 
N° 17.- Manuscrito J-60 de la Biblioteca de la Junta (46). 
N° 18.- Manuscrito del Archivo General de la Nación (México) (47). 

5.3. Copias de la traducción castellana del Alcorán encargada por Juan de Segovia. 
N° 19.- Códice, mencionado por Iriarte en su catálogo de manuscritos, se conservaba en la Biblioteca Nacional de Madrid (ms. D 113). Actualmente la obra está en paradero desconocido (49). 
N° 20.- Edición trilingüe del Alcorán, árabe, latín y castellano, donada por Juan de Segovia a la Universidad de Salamanca. Actualmente esta obra está en paradero desconocido. (50). 

6. Conclusiones 
La literatura islámica castellana, así como la escrita en otras lenguas romances españolas, forma parte del corpus general de la literatura islámica española. Existió una literatura islámica española en caracteres latinos como mínimo desde el siglo XIV. No hay ninguna prueba documental de que Isa de Gebir escribiera sus obras castellanas utilizando caracteres árabes, por lo tanto no se le puede considerar como el padre de la literatura aljamiada. Es evidente que hay que replantearse las hipótesis cronológicas y sobre el origen de la literatura islámica castellana que no se ajustan a estas evidencias. 
Los textos castellanos araboaljamiados forman parte de un subgrupo de la literatura islámica en lengua romance que, a su vez, no es más que una parte del corpus general de la literatura islámica española. Es necesario el establecimiento de criterios generales de clasificación que ayuden a fijar de modo científico el corpus de textos que forman parte de la literatura islámica española. 
Así como es necesario que los investigadores unifiquen sus criterios de trabajo en este sentido, para, entre otras cosas, evitar la confusión, que como hemos visto a lo largo de este artículo, reina incluso entre los especialistas en el tema. 
Por último mencionar que así como parte de los romanistas existe una gran profusión de estudios y ediciones de textos islámicos en lengua romance, destacando por su gran labor en este terreno la Escuela Aljamiadista de Oviedo fundada por Galmés de Fuentes, es de lamentar la poca atención que estas obras han recibido y reciben, por parte de los arabistas e islamólogos, más cuando el rasgo fundamental de esta literatura y el que la define como tal, es el hecho, precisamente, de ser una literatura islámica.

                        “Bien a nuestro pesar, debemos señalar con intención crítica constructiva que los arabistas, particularmente españoles, han desdeñado en general participar en esta labor, que ha recaído casi siempre sobre los hombros de romanistas, con formación arabística a veces menor de lo deseable, lo que ha generado un erróneo posicionamiento, como si se tratara de una parcela más de los estudios románicos, con escasa visión de que estos estudios son parte normal de la islamología, donde importa mucho conocer el entorno cultural islámico (...). Cuando arabistas con suficiente preparación romanística, o romanistas bien pertrechados de conocimientos islamológicos y lengua árabe aborden estos temas los resultados pueden ser espectacularmente mejores", (51). 

La posteridad, concluye el autor, está en deuda con los últimos musulmanes de España. 
Los moriscos del siglo XVI nos dejaron la crónica minuciosa de sus últimos días sobre suelo español, y sus códices sirven de espejo aleccionador a muchas situaciones históricas contemporáneas. Desde la más estricta clandestinidad y a riesgo de sus propias vidas, los anónimos criptomusulmanes preservaron la noticia de su vida cotidiana, de sus ansiedades, de sus conflictos y de sus sueños en un corpus manuscrito tan híbrido como sus propias almas, ya que estaba escrito en castellano pero transcrito en la grafía árabe, para ellos sagrada por razones religiosas e identitarias. 
El presente estudio intenta resucitar ese mundo enterrado, y ofrece un muestrario representativo de los asuntos que más interesaron a la comunidad morisca: las prácticas rituales islámicas, la magia, la astrología, la medicina, las profecías, la interpretación de sueños, los itinerarios secretos que los podían guiar a huir de España y aun para volver sigilosamente, como Ricote, de regreso a su patria natural. 
Los antiguos folios nos ofrecen auténticas sorpresas: tenemos testimonios sobrecogidos sobre cómo los musulmanes sufrieron la caída de Granada y la persecución inquisitorial; una novela ejemplar a la italiana endeudada con Lope y con Quevedo pero imbuida con una moraleja islamizante; el extraño caso de un morisco maurófilo; talismanes para hacerse invisible, para protegerse de los genios y para la buena memoria; interpretaciones de la Celestina como texto disidente; instrucciones pías sobre cómo hacer el amor recitando azoras coránicas y sonetos de Lope de Vega. Las letras aljamiado-moriscas cierran filas a la vez con la literatura española y con la literatura islámica, y acaso, aún más: constituyen el tercer espacio del encuentro —y del choque— entre ambas. Este libro nos permite el privilegio de escuchar por primera vez la voz, largamente silenciada, de sus autores secretos. 

Bibliografía citada. 
(1) Xavier CASASSAS CANALS, LA LITERATURA ISLÁMICA CASTELLANA: SIGLOS XIII-XVII. (CATÁLOGO DE TEXTOS DE MUDÉJARES Y MORISCOS ESCRITOS EN CARACTERES LATINOS), BIBLID [1133- 8571] 16 (2009) 89-113. Universidad de Salzburgo. 
(2) Viguera, M.J., a Corriente, F., Relatos píos y profanos del ms. Aljamiado de Urrea de Jalón: 9-51, el texto de Epalza, M., “A modo de introducción. El escritor Ybrahim Taybili y los escritores musulmanes aragoneses” en Bernabé, L.F., El Cántico islámico del morisco hispanotunecino Taybili. CASASSAS replantea también el papel que se atribuye a Isa de Gebir en la formación de la literatura aljamiada, declarando que no existe ninguna prueba de que este autor escribiera sus textos castellanos utilizando el alfabeto árabe. 
(3) Aparte del reciente trabajo de recatalogación de los manuscritos de la Real Academia de la Historia (Madrid) de Galmés, A., Los manuscritos aljamiado-moriscos de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia (Legado Pascual de Gayangos) y el artículo de Cervera, M.J.,“Descripción de los manuscritos mudéjares de Calanda (Teruel)”, el autor critica también los catálogos y descripciones, en parte deficientes por la falta de detalle y precisión, de Saavedra, E., Discursos leídos ante la Real Academia Española en la recepción pública el 29 de Diciembre de 1878; González Palencia, A., “Noticias y extractos de algunos manuscritos árabes y aljamiados de Toledo y Madrid”; Ribera, J. - Asín, M., Manuscritos árabes y aljamiados de la Biblioteca de la Junta.. De gran ayuda para el investigador que desee tener una visión global de los manuscritos conservados resulta el detallado artículo de Vespertino, A., “La datación de los manuscritos aljamiado-moriscos”. 
(4) Véase “El uso del alfabeto árabe por minorías musulmanas y otros aspectos de la literatura aljamiada, resultantes de circunstancias históricas y sociales análogas”, “Una variante islámica del español: la literatura aljamiada”; Bossong, “Moriscos y sefardíes: variedades heterodoxas del español”. (5) En la actualidad puede observarse el surgimiento de literaturas islámicas en la mayoría de las lenguas europeas. Veáse, por ejemplo, Malak, A., Muslim Narratives and the Discourse of English, Albany, 2005; Al-Faruqi, I. R., Toward Islamic English, Michigan, 1986; Jacobsen, C. M., Staying on the Straight Path. Religious Identities and Practices among Young Muslims in Norway, Tesis Doctorial inédita, University of Bergen, 2006; Casassas, X., “Islamisches Deutsch” en prensa. 
(6) Véase Bossong, G., Op. Cit. 34.
(7) Una clasificación similar, aunque refiriéndose solamente a los musulmanes que vivieron bajo el estatus jurídico de mudéjares la propuso en su día Fernández y González, F., en Estado social de los mudéjares de Castilla: 232-38. 
8) Decimos en este contexto, el de la literatura islámica española, ya que hay otros contextos lingüísticos en los que se emplea también el término aljamiado para referirse a textos escritos en un alfabeto que no es el habitual de la lengua que se escribe. Dentro de España tenemos el caso de las obras aljamiado-hebreas y fuera de España, entre otros, el caso de los textos aljamiados servo-croatas o bosnios, véase por ejemplo, Lehfeldt, W., Das serbokroatische Aljamiado-Schrifttum der bosnischherzegovinischen Muslime. 
(9) véase, por ejemplo, Van Koningsveld, P., “Andalusian-Arabic manuscripts from christian Spain: a comparative intercultural approach” ; Wieggers, G., “Datation et localisation des codices espagnols écrits en caractères arabes (aljamiado): problèmes et perspectives”, p. 27). 
(10) Cf. Wigers: “It therefore also becomes necessary to find a term which could be applied to both the MSS in Latin and in Arabic characters. The term I have chosen is Islamic Spanish literature.” Wiegers, G., Islamic literature in Spanish and Aljamiado. Este libro de Wiegers es sin duda, una obra fundamental, de lectura imprescindible para todos aquellos que quieran avanzar en el estudio de la literatura islámica castellana. Nos sorprende, pero, el hecho de que en el título de la obra vuelva aparecer la confusión de términos que el mismo Wiegers se esfuerza en combatir. 
(11) Saavedra la denominó en su día “literatura muslímico-castellana”, aunque su propuesta no ha tenido eco entre los especialistas, nos parece mucho más precisa y acertada, por ejemplo, que “literatura aljamiado-morisca”. “(...) pero me importa más ahora poner de manifiesto como la literatura muslímico-castellana, en el dilatado período de su desarrollo, vino a recibir todas las formas de la cristiana, desde la ruda y descarnada crónica del tiempo de San Fernando, y los poemas legendarios rimados por la cuaderna vía en metro alejandrino, hasta los pulidos y brillantes rasgos de ingenio y erudición que determinan el carácter propio de la edad de oro, en los últimos reinados de la casa de Austria.”, Saavedra, E., ob. cit.: 51. 
(12) Téngase en cuenta además, que no todos los textos aljamiados-moriscos son textos islámicos. Se conservan por una parte varios textos aljamiados que no son más que transcripciones de textos no islámicos, como la novela caballeresca Historia de los amores de París y Viana (publicada por Galmés) o la obra Dichos de los siete sabios de Grecia escrita por Hernán López de Yanguas y que Galmés califica de “hispano-cristiana”, véase Galmés, Literatura Gnómica. Dichos de los siete sabios de Grecia. Sentencias morales en verso. Además contamos con varios textos aljamiados que reproducen textos religiosos cristianos, véase la reproducción fotográfica de una versión aljamiada del Credo en Viguera, Aragón musulmán. La presencia del Islam en el valle del Ebro: 159; o el artículo de Labarta, “Oraciones cristianas aljamiadas en procesos inquisitoriales de moriscos valencianos”. 
(13) Hablar de literatura morisca nos parece poco apropiado, no creemos que se pueda decir que haya existido una literatura morisca. Lo que hubo es, como venimos diciendo, una literatura islámica castellana, escrita por los musulmanes que tuvieron como propia la lengua castellana. El estatus jurídico de estos musulmanes, ya fuera el de mudéjares o el de moriscos, y las limitaciones que este estatus representara a la hora de vivir su fe islámica y transmitirla. 
(14) Domínguez, A., y Vincent, B., Historia de los moriscos, p. 17. Véase García Arenal, M., Los moriscos: 73; y Galmés, “Literatura española aljamiado-morisca”: 117. El texto que Galmés y García Arenal reproducen en sus respectivas obras exactamente con las mismas palabras es el siguiente “La literatura aljamiado-morisca es la escrita en romance hispánico (portugués, castellano, aragonés o catalán, según las regiones), por obra de los moriscos peninsulares desde el siglo XIV al XVII.”. Véase Penella, J., Los moriscos españoles emigrados al norte de África después de la expulsión, y del mismo autor “Littérature morisque en espagnol à Tunis”; también Vespertino, “La literatura aljamiado-morisca del exilio”. 
(15) Véase Saavedra, E., ob. cit.: 47-49; y Fuentes Cornejo, T., Poesía religiosa aljamiadomorisca. Poemas en alabanza de Mahoma, de Alá y de la religión islámica. Otros textos complementarios. “Este lo mismo pudo escribirse en el siglo XIV, en tiempo del Arcipreste de Hita y del Canciller Ayala, que en la segunda mitad del siglo XIII, fecha del mayor cultivo de la cuaderna vía. [Es inaceptable la opinión de Gayangos (Hist. lit. Ticknor, IV, 1856, p. 420), quien cree escrito el poema en el siglo XVI; (...)”, Menéndez Pidal, R., Poema de Yúçuf: 97. En esta obra, vemos como Menéndez Pidal incurre en un error semejante al mencionado supra nota 22, al decir del Poema de Yúsuf que “fue a todas luces escrito por y para moriscos”, Op.. cit. p. 96. Recordemos que no se puede hablar de moriscos antes del siglo XVI. 
(16) Busell, “La poesía aljamiada y el mester de clerecía: el Poema de José (Yúçuf) y el Poema en alabanza de Mahoma”. 
(17) Obra editada por Gayangos en “Tratados de legislación musulmana”. Cf. También Abboud-Haggar, S., El tratado jurídico de Al-Tafrî? de Ibn al-Gallâb y “Las Leyes de Moros son el libro de al-Tafrî?”. (18) Historia Crítica de la Literatura Española, T. III: 380-381. 
(19) Véase Lasarte López, J.A., Poemas de Mohammad Rabadán. Cantos de las lunas - Día del Juicio - Discurso de la luz - Los nombres de Dios. 
(20) Véase Penella, J., Los moriscos españoles emigrados al norte de África después de la expulsión, y del mismo autor “Littérature morisque en espagnol à Tunis”; también Vespertino, “La literatura aljamiado-morisca del exilio”. 
(21) Actualmente desde mediados del siglo XX, por ejemplo, está surgiendo de nuevo una literatura islámica castellana. 
 (22) Véase Martínez, J. y Albarracín, J. “Libros árabes y aljamiado mudéjares y bilingües descubiertos en Ocaña (Toledo)” y Albarracín “Los manuscritos en árabe de Ocaña (Toledo)”. Los recientes trabajos de Hofman, véase su tesis doctoral Historias religiosas musulmanas en el manuscrito mudéjar-morisco de Ocaña, o su artículo “El manuscrito mudéjar-morisco de Ocaña”, en el que hace una somera descripción de los manuscritos de Ocaña, tampoco aportan noticias claras, detalladas y definitivas sobre el contenido de estos manuscritos. Esperemos que pronto algún investigador se decida a hacer una catalogación detallada y precisa del contenido de estos manuscritos, de singular valor, entre otros aspectos, para el estudio de la literatura islámica castellana.Véase Martínez, J., “Versión morisca de la “Súplica inicial” del “Libro del Buen Amor” en un manuscrito inédito de Ocaña”. 
(23) Martínez, J. y Albarracín, J., ob. cit.: 63-65. 
(24) Véase Albarracín Navarro, J., Op. Cit, p. 58. 
(25) Cancionero de Baena: 576- 81. Galmés en “Literatura española aljamiado-morisca”: 129, califica a este poeta erróneamente de “poeta morisco”, es una muestra más de la confusión terminológica de la que venimos hablando en este trabajo. Véase supra notas 22 y 25. 
(26) En el Cancionero de Baena se recogen tanto el planteamiento de la pregunta por parte de Sánchez de Talavera (poema n° 517), como la respuesta de ocho “grandes sabios y letrados” (poemas n° 518 a n° 525) entre los que se encuentra el de Mahomat el Xartosse. Mendoza Negrillo, J. de D., ofrece un análisis de estos poemas y la cuestión principal a la que son respuesta en Fortuna y providencia en la literatura castellana del siglo XV: 343-94. 
(27) Para una descripción detallada del manuscrito conservado en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia, véase Galmés, Los manuscritos aljamiado-moriscos de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia: 31- 47. Gayangos publicó esta obra en Tratados de legislación musulmana: 11-246. Véase además de la bibliografía mencionada supra en la nota 27, Carmona, A., “El autor de las Leyes de Moros”. 
(28) El texto de este romance ha sido publicado por Fuentes Cornejo, T., en Poesía religiosa aljamiadomorisca. Poemas en alabanza de Mahoma, de Alá y de la religión islámica: 287- 289, en la p. 422 publica además una reproducción fotográfica del folio 1r. 
(29) Véase la descripción de este manuscrito en Galmés, A., Op.. Cit., p. 165. 
(30) Según Saavedra, E., Op. Cit., p. 181, fue hallado dentro del manuscrito J-28 de la Junta, que a su vez fue hallado “en diciembre de 1876, en Almonacid de la Sierra, al practicar un hueco en la cocina de una pobre casa”. 
(31) Véase Gil, P., “Los manuscritos aljamiados de mi colección”, p. 549; y también Saavedra, E., Op. cit., p. 181. 
(32) Para un análisis y descripción detallada del contenido de este manuscrito véase Wiegers, G., ob. cit.:175-181. Véase también Cardaillac, L., Moriscos y cristianos. Un enfrentamiento polémico (1492- 1640), pp. 57 y 145. Este manuscrito ha sido editado por Suárez García, R., en su tesis doctoral El tratado de materia religiosa de Mohanmad de Vera. Una descripción del contenido y estructura de esta tesis doctoral puede verse en Aljamía, vol. 16 (2004):77-81. 
(33) Véase Wiegers, G., Op. Cit.: 75. 
(34) véase Mami, R., El manuscrito morisco 9653 de la Biblioteca Nacional de Madrid: 263. La representación de esta obra debió de llevarse a cabo antes de los decretos de conversión forzosa, es decir, antes de 1520. 
(35) Sobre la vida y obra de este autor véase Wiegers, G., Op. Cit. y también Cabanelas, D., Juan de Segovia y el problema islámico: 127-64. 
(36) Véase Cabanelas, D., Op. Cit., especialmente: 127-64. 
(37) Esta obra ha sido publicada, a partir del manuscrito S-3 de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia por Gayangos en “Tratados de legislación musulmana”: 247-421. Por su parte Köster, ha editado 11 una versión crítica comparada de la los manuscritos J-1 de la Junta y 2.076 de la Biblioteca Nacional de Madrid en Die Aljamiado - Handschrift J 1 de la Junta. 
(38) “From de presence of this book in the library of the Duchess it would follow that the Breviario Sunni may have had Christian readers (members of the nobility even) who would undoubtedly have consulted the manuscript written in Latin and not in Arabic characters. The same holds true for the anti-Christian polemic.” Wiegers, G., op. cit, p. 139. Véase De los Ríos, A., Op. Cit., vol. VII: 172. 
(39) El único manuscrito en castellano en caracteres árabes que se conserva, el manuscrito J-1 de la Junta, puede ser fechado, según Wiegers, entre 1580 y 1590. (Op. cit.: 140) 
(40) Wiegers, G., Op. cit, p. 140. 
(41) “Only one manuscript survives in Arabic script, and the others, earlier in date, are actually in Latin characters. It is possible to argue that Isa’s book may have been written first in a normal Spanish script and subsequently transliterated”, Harvey, L.P., Muslims in Spain (1500 to 1614): 132. 
(42) Para una descripción detallada del manuscrito véase, Galmés, A., Op. cit.: 25-30. 
(43) Gayangos, P., “Tratados de legislación musulmana”: 247-421. 
(44) Véase la descripción de este manuscrito en Saavedra, E., Op. cit.: 104. 
(45) Ibídem: 105. 
(46) Para una descripción detallada de este manuscrito véase Ribera, J., - Asín, M., Manuscritos árabes y aljamiados de la Biblioteca de la Junta: 213-15. Inquisición, 158 (54): 1, páginas 1-109(69). 
(47) Véase Feliciano, M.J., “Yça Gidelli y la Nueva España: Un manuscrito del 'Breviario Sunní' en el Archivo General de la Nación (México, D.F.)”. 
De este artículo  (48)  existe una versión digital en
(49) Se trataría de la traducción realizada por Isa de Gebir por encargo de Juan de Segovia. Véase Cabanelas, D., Op. cit., especialmente pp. 127-164. 
(50) Véase Cabanelas, D., Op... cit.: 160-164. Podría tratarse de la misma obra que la n° 19, que primero hubiera formado parte de los fondos de la Biblioteca de Salamanca y pasando a formar parte posteriormente de los fondos de la Biblioteca Nacional de Madrid. Corriente, F., Romanica Arabica. Tres cuestiones básicas: arabismos, “mozárabes” y “jarchas”: 15. 

 OBRAS CONSULTADAS POR EL AUTOR. 

ABBOUD-HAGGAR, Soha. “Las Leyes de Moros son el libro de al-Tafrî`” en Cuadernos de Historia del Derecho, 4 (1997): 163-201. 
ABBOUD-HAGGAR, Soha. El tratado jurídico de Al-Tafrî` de Ibn al-Ğallâb. Manuscrito aljamiado de Almonacid de la Sierra (Zaragoza). Edición, estudio, glosario y confrontación con el original árabe, Zaragoza, 1999. 
ABBOUD-HAGGAR, Soha. “Entre manuscrito aljamiado y original árabe” en M.J. Viguera / C. Castillo, Los manuscritos árabes en España y Marruecos: Homenaje de Granada y Fez a Ibn Jaldún, Granada, 2005: 209-234. 
ALBARRACÍN NAVARRO, Joaquina. “Los manuscritos en árabe de Ocaña (Toledo), en Viguera, María Jesús y Castillo, Concepción. Los manuscritos árabes en España y Marruecos: Homenaje de Granada y Fez a Ibn Jaldún, Granada, 2005: 55-63. AL-FARUQI, Ismail Raji. Toward Islamic English, Michigan, 1986 
AMADOR DE LOS RÍOS, José. Historia Crítica de la Literatura Española, T. III (1863) y V (1864), Madrid. 
BERNABÉ PONS, Luis Fernando. El Cántico islámico del morisco hispanotunecino Taybili, Zaragoza, 1988. 
BOSSONG, Georg. “Moriscos y sefardíes: variedades heterodoxas del español”, en C. Strosetzki / J.F. Botrel / M. Tietz (eds.), Actas del I Encuentro Franco-Alemán de Hispanistas (Mainz 1989), 1991: 368-92. 
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CARMONA GONZÁLEZ, Alfonso.”El autor de las Leyes de Moros”, en Homenaje al Prof. José María Fórneas Besteiro, II, Granada, 1995: 957-962. 
CASASSAS CANALS, Xavier. “Islamisches Deutsch”, en prensa.12 
CERVERA FRAS, María Jesús. “Descripción de los manuscritos mudéjares de Calanda (Teruel)”, en Aragón en la Edad Media, X-XI (1993), Zaragoza: 165-187. 
CORRIENTE CÓRDOBA, Federico. Relatos píos y profanos del ms. Aljamiado de Urrea de Jalón, Zaragoza, 1990. CORRIENTE CÓRDOBA, Federico. Romanica Arabica. Tres cuestiones básicas: arabismos, “mozárabes” y “jarchas”, Madrid, 2008. 
DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio y VINCENT, Bernard. Historia de los moriscos, Madrid, 1985. 
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MOHRMANN, Christine. Études sur le latin des chrétiens, 3 vols. Roma, 1961 
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RHEINFELDER, Hans. Kultsprache und Profansprache in den romanischen Ländern, Geneve-Firenze, 1933 (reimpresión, Hildesheim Zürich-New York, 1982). 
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VIGUERA, María Jesús. Aragón musulmán. La presencia del Islam en el valle del Ebro, Zaragoza, 1988. 
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WIEGERS, Gerard. “Datation et localisation des codices espagnols écrits en caractères arabes (Aljamiado): Problèmes et perspectives”, en Binebine, Ahmed-Chouqui (Ed.), Le manuscrit arabe et la codicologie. Rabat 1994, pp. 21-30



lunes, 31 de diciembre de 2012

Cómo interpretar una imagen fílmica



Cómo interpretar una imagen fílmica

                                       (Lectura semiótica de Vértigo, de A. Hitchcock).
                                                                                    Por Ahmed Oubali.

I.                    EL CINE COMO CARNAVAL DE SIGNOS

Preámbulo

El filme que vemos es la cara visible del iceberg siendo la cara invisible un espacio de un intenso trabajo complicado y variado donde intervienen múltiples destrezas y numerosas técnicas. El analista, que comparo a un verdadero detective, debe descubrir y explorar ese mundo subterráneo antes de emprender su tarea analítica. Empezar por conocer si el film es una adaptación de una novela o no, leer ésta novela o conocer por lo menos su argumento y compararlo con el guión del film. Proceder luego a "estudiar" las relaciones que se tejen entre el productor, el director, los actores y el equipo técnico. La realización de un film requiere, como se ve, un trabajo colectivo. Durante esta investigación, conviene asimilar el lenguaje técnico que se utiliza en el rodaje, el montaje y la composición estética final. Esta etapa preliminar es imprescindible porque nos hace descubrir todas las facetas necesarias para hacer un buen análisis: la unión de los distintos planos cuya función narrativa y expresiva permite la continuidad y la coherencia del relato, tanto a nivel secuencial como narratológico, y la composición artística cuya función es más simbólica que ornamental porque tiende a mejorar la realización fílmica, afinando los planos mediante la iluminación, el color, el sonido, el decorado y el vestuario.

Interpretar un objeto tan complejo y problemático como lo es el cine implica dos procesos simultáneos: asimilar/dominar el material teórico y metodológico inherente al objeto (que expondré abajo) y detener la visualización del filme para analizarlo con dicho material (que aplicaré a Vértigo).
Conviene, por supuesto, seleccionar ese material porque la lista de teorías y corrientes sobre el cine es realmente alucinante. (Ver mi selección en la bibliografía).
Con "cine como carnaval de signos", me refiero a los múltiples signos que interfieren en un film, algo semejante a los tejidos de una alfombra y los entresijos de una novela pero con la gran diferencia de que la historia se escenifica para la cámara. Así, la función narrativa de la puesta en escena consiste en mostrar escenarios naturales o no, decorados, iluminación, actores, vestuario, maquillaje y sonidos. Todo esto genera una narración audiovisual polifónica y proclive por acumular gran variedad de discursos, de niveles de la enunciación y de puntos de vista que admiten múltiples interpretaciones.

Este estudio, una modesta guía o modelo de análisis fílmico entre otros, se enmarca en la perspectiva de una semiótica particular considerada, por algunos autores citados en la bibliografía, como la praxis de un medio que produce efectos perceptivos, cognitivos y afectivos. Ver un ejemplo ilustrativo en este enlace:    


A continuación expondré sucintamente las herramientas de análisis que utilizaré en Vértigo.


miércoles, 17 de octubre de 2012

LA InV3RsIÓn D3 loS SIGNoS 3N 3L QUIjOT3



LA InV3RsIÓn    
D3  
   loS    SIGNoS     
3N
3L    QUIjOT3





(1 FRAGMENTO 
DE MI TESIS DOCTORAL)


PREÁMBULO
Mi hipótesis de trabajo es: Cervantes escribe tres Quijotes: el oficial  (parodia de la caballería andante); el de Avellaneda, autor anónimo, cuya identidad sigue sin descifrarse  (donde se propone la disquijotización de la novela) y el que yo llamo el negativo, inserto en ambos y del que daré aquí algunos ejemplos.

He utilizado el concepto francés de “interdit” (que significa a la vez prohibido e interdicho, o sea: lo prohibido y censurado por la Santa Inquisición está interdicho entre líneas y detrás de las palabras) para barajar la hipótesis según la cual el Quijote no es comprensible si no se interpretan ciertos aspectos lingüísticos como los anagramas, los juegos  de palabras y los silencios que obran en la novela.
Por razones de tiempo abordaré algunos ejemplos, sin citar las fuentes y teorías en que me inspiré inicialmente, manteniendo solo las notas explicativas de aquéllas, por lo que ruego perdonen la sequedad y la cruel arbitrariedad de esta ponencia que, por recordatorio, di en Rabat en el Encuentro sobre el  IV Centenario de la publicación del Quijote: 


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1. EL QUIJOTE COMO INVITACIÓN AL CARNAVAL DE LOS AVATARES DEL SENTIDO : LAS DOS CARAS DEL Quijote: UNA CÓMICA, LA OTRA, TRÁGICA

                • UN MOMENTO PARA REÍR = CERVANTES EN EL QUIJOTE
                     Hacia el tercer Quijote, el de los anagramas.

Cervantes mismo parece darnos algunas pistas cuando transforma los nombres ordinarios en literarios: Rocinante es  “lo que había sido el caballo cuando fue Rocín, antes de lo que ahora es, que era antes y primero de todos los Rocines del mundo  (I, 1); Dulcinea  era antes Aldonza, nombre con que se insultaba en la época de Cervantes, ya que rimaba con vergüenza (1) y que transforma el autor en Dulzaina, Dulcinea (Dulce Ea= Diosa).
Cervantes sabía muy bien que “en la composición de los anagramas, truéquense las sílabas y letras para formar una nueva y misteriosa significación, en elogio o en vituperio” (2).
En el Prólogo nos habla de /Urganda la desconocida/ pues no es tan desconocida porque en los tres elementos podemos leer: Aldonza versus Dulcinea.
A este simple nivel parece que el autor está teorizando sobre el concepto de anagrama. Urganda, amada de Amadis de Gaula es también Dulcinea, amada de Don Quijote de la Mancha. Urganda es llamada así precisamente por sus frecuentes metamorfosis y avatares, como los anagramas. Verificamos esta hipótesis en el poema mismo escrito en cabo roto para dejar enigmático el enunciado.
Cervantes “permite al texto funcionar como un juego donde cada sintagma remite a otros, según una intención definida” (3)
Utiliza el anagrama como lo define más tarde Derrida: « élément  atomique qui engendre en se divisant, en se greffant et en proliférant » (4).
Y así : « étant donné cinq ou six éléments matériels, le sens changera dans l’espace de quelques minutes si on les donne à combiner » (5).
Pero el ejemplo que da Cervantes de estas metamorfosis lingüísticas es un iceberg  de un territorio anagramático muy complejo que nos lleva a lo que llamo el tercer Quijote.


2. EL QUIJOTE COMO SUBVERSIÓN Y TRANSVALORACIÓN DEL SUJETO.
    LAS TRES FUNCIONES PRAGMÁTICAS DEL ANAGRAMA.

1. El uso de los anagramas como subversión del sujeto.

El título El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha es un puzzle que ha dado lugar a muchas interpretaciones.

           A -El término  /Ingenioso/  fue traducido por Oudin en /Valeroso/ y /Valiente/; por De Rosset en /Temeroso/ y Florían omitió simplemente el vocablo por respeto, porque “ingenioso implicaba en la época una mezcla profunda de delirio, melancolía y discreción, tres elementos de la actitud  quijotesca frente a la realidad: ingenioso (in-genio, sin genio) equivalía pues a ser un desequilibrado” (6)

                 B -/Hidalgo/ y /Don/.

En la Segunda Parte Cervantes sustituye /hidalgo/ por /caballero/. Sabemos que estos dos términos son antagónicos: el primero remite al estamento más bajo de la nobleza (hidalgo= hijo de algo o alguien) y el segundo, al más alto. La nobleza con títulos se repartía en efecto en tres amplios estamentos muy separados por el protocolo, los nobles, los caballeros y los hidalgos. Los títulos como /Don/, /Su excelencia/, /Su alteza/ o /Vuestra Merced/ se otorgaban por leyes muy rígidas o por favores del Monarca.
“La Monarquía, recuerda Rosenblat, tuvo que dictar un par de leyes para regularizar los tratamientos y evitar abusos” (7).
Ahora bien, sabemos que el héroe del Quijote no tiene ninguna razón de llevar el título que ostenta, ni por sus orígenes que desconocemos ni por ley. Es más: el personaje principal de la novela es presentado por Cervantes como un personaje  misterioso y desequilibrado: entra en la historia con la edad de 50 años y no tiene ningún pasado.
Pero la usurpación que hace el héroe de los títulos nobiliarios se atenúa y se agrava a medida que se extiende la descripción… Además de ser llamado /Jinete/ por una prostituta (I, 1), Don Quijote es llamado: Don diablo, Don ladrón, Don bellaco, Don tonto, Don villano, Don harto de ajos, Don putón, Don bacalao, Don vencido, Don molido de palos. El inventario  es voluminoso (8).
Como se ve, con sólo dos vocablos se anulan todos los títulos que ostenta el héroe.

                 C -/Quijote/

Para Nebrija es “sinónimo de armadura femoral” (9). Cubarrubias piensa que es derivado del francés /Gigot=-Cuisse/. Por eso Oudin traduce en /Don Cuissot/, /Don Las nalgas/, abriendo así una isotopía de posesión sexual impetuosa. Cassou traduce en /Don Gigote/, basándose en el lapsus que hace Dorotea cuando dice:”el cual se había de llamar don Azote o don jigote” (I, 32).
Dauzat afirma que /Giguet/ designa a una persona con piernas arqueadas y delgadas, (10), cosa que coincide con la descripción del héroe.
Pero es el mismo Cervantes quien crea a propósito la confusión semiótica cuando intercala los términos /Quijada/ (enorme mandíbula sin dientes), /Quesada/ (enorme pastel de queso) y /Quijano/ (obscenidad si se lee en dos palabras).
Respecto al sufijo -ote, que registra Corominas en su Diccionario Crítico, refiere a sinónimos del miembro viril como Chafalote, Chafarote, Cipote, Ciriote, Garrote y Virote (pp. 187-488, s.), con personificaciones coetáneas como Don Majote (con las variantes Maçote, Mazote o Maxote, Machote), tal vez con raíz en majo, donde Corominas observa, pese a sus dudas sobre el derivado Pijote (o Pichote, Pischote), que todos se asimilan por su acepción erótica o de necedad, de allí el título burlesco de Don Carajo, Don Ciruelo.  En definitiva, /-ote/ presenta este doble valor: por una parte, es aumentativo (gran tamaño o longitud); por otra, es despectivo (necedad, ignorancia o brutalidad): nada que ver con otros tantos ejemplos como amigote, caballerote, etc. Ni que decir tiene que, con el toponímico de la Mancha y la ironía del uso de /Don/, el sufijo logra matizar negativamente el sentido erótico de Don Quijote, pese a que el término estuviera ya lexicalizado y tenga, en realidad, diversas etimologías.
Volvamos a la definición de /Gigote/ o (instinto sexual animal) en este enunciado anagramático: Don Quijote es “el ámparo de las viudas, el matador de las doncellas”, (II, 72) donde podemos anotar todo un vocabulario  censurado: en los verbos /amparar/ y /matar/ leemos: amar/amante, parar/domar/verdugo, atar/violador; matar/desarmar (como en un juego de ajedrez) a viudas y vírgenes. Esta interpretación la corrobora el mismo lapsus de Dorotea que habla de don /azote/ y que Cassou traduce en /Don Ribote/, aunque ambos términos son opuestos, el primero desarrolla una isotopía de poder, virilidad, abuso, temor y el secundo, exceso en comida, bebida y sexo. No hay que olvidar que /Zote/, sin a, significaba en la época de Cervantes /idiota/ e /inculto/ (11)

                   D -/La Mancha/ (del árabe= Al manzah).

Mucho se ha especulado también sobre este sintagma.
Sobre el “origen del nombre de la región de La Mancha”, Corominas aduce que ya en el siglo XIV “se empleaba Manxa como nombre propio y que era conocida por su sequedad” (Ídem, nota 3).
Partiendo de una pista que da Cervantes en (I, 46), cuando el barbero transforma la palabra en manchego y  manchado (el león manchado) y atando cabos biográficos supuse que la /mancha/ se podía escribir con una “m” minúscula (marca, deshonra, suciedad), en oposición a la región geográfica.
Indagué sobre lo que tuvieron que sufrir las minorías religiosas en la época de la Inquisición. Los primeros estatutos de pureza de sangre se votan en 1547, cuando nace precisamente Cervantes. Se prohibía a los conversos acceder a la dignidad eclesiástica y a los cargos importantes. Nace también  el Primer Índice que censura cualquier escrito o libro sospechoso por la Inquisición.
Se hace implícita y satíricamente alusión a ello en la quema  de los libros de Don Quijote. “Dès 1556, escribe Canavaggio, Philippe II avait tenu à montrer qu’orthodoxie religieuse et pureté de sang étaient désormais officiellement associées » (12).
 « La reprobación va a pesar pues sobre el converso sospechoso por su raza. Así nace y se extiende la obsesión de la mancha entre los viejos cristianos que se enorgullecen por no estar contaminados y lo proclaman hasta ante otras naciones vecinas que consideran a España un país mestizado e infectado de marranos y moros” (13).
Pero ¿qué tiene que ver Cervantes con esta mancha?

“Dès 1569, précise Canavaggio, son père certifie que Miguel compte parmi ses descendants; il n’est ni musulman, ni juif ni converti », es decir que  solicita que se le expida un certificado de pureza de sangre que muestre que en su sangre no corre ninguna gota de sangre judía. (14).
Más tarde, al volver a España Cervantes del cautiverio tuvo que invocar ante los tribunales su calidad de hidalgo, reuniendo “15 témoignages qui allèguent sa pureté de sang. Mais, prosigue Canavaggio, nous ne tenons toujours pas de preuves décisives de sa mancha » (15). Es decir : su hidalguía « n’a jamais été établie par lettres patentes et le silence de son père sur ses origines, son refus d’indiquer son propre métier dessinent une pénombre qui trouble l’historien », (16).
La /mancha/ se extenderá rápidamente cuando encarcelan al héroe nacional de la batalla del Lepanto, involucrado en turbias y misteriosas relaciones con gente indeseable que terminan acusándole  de inmoralidad.
Incluso su mujer tiene que defenderse ante el Santo Oficio acusada por el mero hecho de saber leer y escribir porque los cristianos viejos eran incultos. “Elle savait lire et écrire, subraya Canavaggio, ce qui donne à penser qu’elle avait dans les veines quelques gouttes de sang juif” (17.)
Ello explica también por qué le rechazaron a Cervantes, pese a ser un héroe nacional de la guerra del Lepanto, cualquier cargo público importante, incluso su petición de embarcar a las Américas, “busque por acá en qué se le haga merced”, le contestaron evasivamente, enunciado que tradujo admirablemente Canavaggio en “qu’il aille se faire voir ailleurs” (18).
En la boca de Sancho, la ironía es abrumadora: “…creo, firme y verdaderamente en Dios y en todo aquello que tiene y cree la santa Iglesia católica romana, y el ser enemigo mortal, como lo soy, de los judíos, debían los historiadores tener misericordia de mí, y tratarme bien en sus escritos…”.
Estos acontecimientos dramáticos se proyectan e infiltran en el Quijote de forma implícita para no decir  secreta. Vimos como deja el autor a Don Quijote inmerso en la ambigüedad, el misterio y el anonimato. Todo ello bajo la tangente de una risa corrosiva para despistar y atenuar efectos de sentido.
Por razones obvias suponemos con muchos cervantistas que lo que calla Cervantes en el Quijote (y lo que llamo el inter-dicho, l’inter-dit)) es mucho más importante que lo que dice.
Sabemos que oculta hechos, nombres  y lugares.
El autor mismo reconoce que “…se le den alabanza, no por lo que escribe, sino por lo que ha dejado de escribir”. Y  que “no me maravillo de lo que hablo, pero me espanto de lo que dejo de hablar”. Y Cervantes  parece invitarnos a interpretar cuando dice: “así debe ser mi historia, que tendrá necesidad de comento para entenderla” (II, 3).
Una historia que necesita ser interpretada para no quedarse incomprensible. Interpretar es exteriorizar imágenes y formas implícitas donde el sujeto es reconstruido mediante metáforas.
“La métaphore n’est plus illustration d’un sens premier par un sens second, elle devient instrument à introduire de nouvelles représentations dans le discours, procédé de production de texte » (19)

Según A. Castro, no cabe duda que Cervantes transgredió explícitamente los rígidos parámetros establecidos por el Concilio de Trento, ya que vivía en una época donde oficialmente funcionaba algo sanguinario que se llamaba la inquisición. (20)
Castro demuestra al respecto que Cervantes fue "un gran disimulador, que cubrió de ironía y habilidad opiniones e ideas contrarias a las usuales" (20).
Sabemos que la  gran ofensiva de la iglesia católica en  siglo XVI fue contra el ideal erasmista, del cual Cervantes es por supuesto un comprobado admirador y seguidor.

                 E –Algunos anagramas de menor complejidad.

                    --Maese Nicolás, el barbero de la aldea (I, 1) es un personaje íntegro, razonable  y ejemplar por los consejos que da a  todo el mundo. Nikë en griego significa victorioso por sus virtudes. Sin embargo es llamado más tarde /Niculoso/ (II, 67)= es decir, no tiene ni cola, ni culo ni es oso…, es un individuo castrado, afeminado y disforme e impotente. La cruel ridiculez en que lo deja Cervantes es que sufre tres avatares macabros: de hombre pasa a ser mujer y de mujer a travestí…Pero lo que demuestra la profunda psicología de Cervantes es cuando transforma al barbero en escudero, pegándole una barba postiza, creando así la cuarta metamorfosis que anula definitivamente el ser del barbero para que nadie lo reconociera: “el barbero hizo una gran barba de una cola rucia o roja de buey”, (I, 27), así la sátira alcanza al barbero en su estado físico, psíquico y social.
Es reducido a la nada.
                            --/Catón el censor/
Era conocido históricamente por su autoridad, seriedad y severidad. Pero en la boca de Sancho es pronunciado voluntariamente así: / Catón el zonzo-rino/ (I, 20)= el zonzo (=bestia, idiota, soso, bobo y tonto) que orina  (21).
                          --/Madásima y Elisabad/, su amante, (I, 25), son transformados por Sancho  en /Magímasa y su Abad Ali/. La inversión es doblada por una sustitución (magia y masa, sima y Ali Baba). De alli el sorprendente trueque: en lugar de la imagen de una maravillosa princesa enamorada, tenemos a una mujer bruja gorda y grotesca como un pastel desproporcionado cuyo amante no es sino un falso cura frustrado y acomplejado…
Este procedimiento, aparte de ser cómico, recuerda curiosamente el que utiliza  S. Freud en  Jeux de mots par condensation: Cleopold condensa dos nombres: Cleopatra y Leopold. Freud explica que “L’Europe a malicieusement transformé le nom d’un souverain en Cléopold en raison d’un autre nom d’une dame qu’il connut secrètement, c’est là sans doute une condensation qui, par l’ajout d’une lettre, renouvelait sans cesse l’allusion malicieuse », (22)
                         --/Fierabrás/, el famoso gigante rey de Alejandría, solía curar sus heridas y dolores con un bálsamo que, según la leyenda, remontaba hasta Cristo.
DQ habla con cariño de este remedio (I, 10). En la boca de Sancho, sin embargo, es la “bebida del Feo Blas” (I, 15)…El Bálsamo de Fierabrás se transforma en el /blasfemo del feo Blas/… el feo Blas blasfema como una fiera… Sancho transforma a este legendario personaje en un grosero villano, un curandero blasfemador y su receta es un vulgar y engañoso medicamento…
                         --Dorotea se disfraza en /Micomicona/, reina de un país africano y tiene como objetivo el hacer que vuelva DQ a la aldea. Pero su actitud engañosa es condenada lingüísticamente por Sancho por el anagrama en sí: mi cómica mona, mi mona comilona y meona…
                         --El enunciado /El cómputo de Ptolomeo, el cosmógrafo/ (II, 29) es desmantelado por Sancho y se transforma en:” Con ese puto meón que fue gafe” (II, 30), donde /gafe/, además de otros sentidos disfóricos, remite también a la lepra y la mala suerte…
                            --/Sansón Carrasco/ (II, 2) es el tipo intelectual, diplomático y  diplomado de la famosa universidad de Salamanca. Es descrito como inteligente, listo y realista. Hasta su nombre encierra sabiduría y fuerza física: sams-on (=sol, en árabe) es sinónimo de todas las virtudes del disco solar.
Sin embargo su apellido Carrasco en forma de anagrama da /cara de asco/ y viene a anular todas esas facultades apreciativas. Así, el extraordinario personaje es reducido a un individuo feo, vil y asqueroso…
                          --El cura es explícitamente llamado /caracuriambro/ (I, 1) donde la segunda “r” reemplaza una l para  amortizar la imagen obscena que ofrece el cura. La sátira se complica al ser llamado “docto y graduado en Sigüenza”.
El anagrama es fácil de discernir: Si Güenza abre dos imágenes, la de un zagüen o mono de cola larga y la de un zagüí o un individuo vulgar, sucio e indeseable. Todo ello rima con Sin vergüenza.
                          --Lo mismo ocurre con /Maritornes/, llamada “esta gentil moza (I, 16). María es pronunciado cariñosamente ya que recuerda al personaje bíblico, como sabemos. Sin embargo el anagrama es visible: María-torno, donde “torno” es un instrumento de tortura, ya que “tornar” en aquella época es torturar y es el trabajo del verdugo… María (esta gentil moza) es pues una cruel y criminal mujer-verdugo.
                     --/Leandra/ (I, 51) tiene apenas 16 años cuando es violada y abandonada a su dolor por el malvado Vicente de la Roca.
Sin embargo aquí también se invierten los signos y la víctima se transforma en agresora y el agresor en víctima: el anagrama /Leandra/ es formado por Lea+andro= es decir, estamos ante una leo-na hecha andro=hombre, un hombre/mujer/leona; una licántropo (loba/hombre)… de allí toda una isotopía sexual  criminal predadora…
En cuanto al supuesto violador  /Vicente de la Roca/, leemos: el inocente del Roque, donde “enrocar” en ajedrez es escaparse del peligro, ponerse a la defensa, esconderse en su torre para evitar cualquier agresión.
Pero Leandra lo provoca, lo viola y le da el jaque mate.

Para Foucault “les héros de Cervantes lisent les rapports du monde et du langage et s’emprisonnent sans le savoir dans le monde de la pure représentation » (23).
Para Spitzer « Cervantes toma el lenguaje desde el ángulo del perspectivismo e informa la estructura de la novela en su conjunto” (24).


                • UN MOMENTO PARA LLORAR = EL QUIJOTE EN CERVANTES.

2. El uso de los anagramas como diseminación autobiográfica.
         (Comento las interpretaciones de ciertos autores, completándolas).

                      A -/Zoraida/. De los más de 700 personajes del Quijote, Zoraida es una de las mujeres más enigmáticas y a la vez más descritas con cariño (25)
Tras la batalla del Lepanto, intenta ayudar a liberar a otro misterioso personaje de la novela: /De Viedma/, hecho prisionero en Argel. Ambos logran huir de aquel infierno y regresan a España (I, 37, 25). Zoraida significa en árabe: /Zahra di/ = esta linda flor aquí presente, también es luz y estrella. Muchos autores muestran que fue reina mora por ser amante del Rey marroquí Mulay Abdelmalik (nombre glorioso que lleva con orgullo nuestra Universidad de Martil). Más tarde, se convierte al cristianismo y es llamada Mariem o María. Pero sufre también los avatares de las minorías religiosas.

                     B  -/De Viedma/ es un anagrama que nos habla /De Mi vida/ ya que el personaje recuerda extrañamente al real y verdadero héroe del Lepanto, Miguel de Cervantes.

         - /Saavedra/ = Saav dra’ = msaab f dar’ú= dañado en su brazo.
                                                /bu dra’' msab/= el del brazo dañado.

Creo que Cervantes mantuvo intacto en su memoria este apodo despectivo (msavfdr'u) con que lo nombraron en Argel después del Lepanto y mucho más tarde, a la hora de redactar El Quijote, dejó pistas para que se asociara su apellido a la interpretación árabe, pistas éstas que se enmarcan dentro del uso de los infinitos anagramas con que le gustaba interpelar al lector.

                   B’- Cidi Hamete Benengeli es el narrador principal del Quijote: CHB.
Muchos estudios académicos muestran que él y Cervantes se conocieron.
El anagrama es abrumador.
Ambos autores tienen un símbolo o referente común: el ciervo.

Dos niveles.
El normal que no plantea problemas de interpretación: Cide= señor; Hamete= Ahmed= el  que alaba a Dios; Ben Ali= hijo de Ali.
El enigmático: Benengeli (pronunciado /berenjena/ por Sancho, para desarrollar isotopías eróticas e inmorales) consta de dos sintagmas: Ben Engil significa o "Inyil, en árabe = evangelio= hijo de la Biblia", "hijo del ángel" o "hijo del valioso".  Pero la pista del bereber es más significante: 

= ben+eggil (ciervo en bereber)= hijo+ciervo.
Ahora bien, si consideramos la palabra /Cervantes/, notaremos que consta también de los mismos dos sintagmas:                                      =  ciervo+antes.


De anagrama en anagrama llegamos pues a esto: el Quijote es inventado por dos autores reales: Cervantes y el enigmático Si Hmed BenAli.


Pero ¿fue Si Hmed Ben Ali un personaje real?
¿Quién es este enigmático  Cide Hamete Benengeli?

Conocido como morisco y autor árabe del manuscrito de Don Quijote de La Mancha.
Se han barajado varias hipótesis examinando posibles identificaciones históricas del personaje. En un artículo que tengo colgado aquí, reproduzco una idea que planteé en mi tesis doctoral sobre esas diferentes identificaciones, orientando mis especulaciones hasta hacia el mismísimo Avellaneda.
Pero el que más indagó y profundizó en este tema es el Dr. Ismael El-Outmani, de la Université Mohamed V, de Rabat, en su famoso artículo "El morisco Cide Hamete Bejarano, autor del Quijote". 


El autor deduce que CHB es el mismísimo personaje bereber histórico granadino Ahmad ben Qásim Al-Hayari al-Andalusi, más conocido entre los estudiosos del tema morisco como Afuqqay al-Hayari. Fue traductor oficial de los textos sagrados, embajador ambulante y gran defensor de los expulsados. Afuqqay Al-Hayari era conocido en su época granadina con el apodo "cristiano de Bejarano", anagrama que descifra El Outmani en /berenjena/, partiendo de Béjar (la Primera parte del Quijote fue dedicada al Duque de Béjar). Pero donde la identificación se hace más impactante entre Benengeli y Bejarano es cuando descubrimos que Cervantes y Afuqqay se ven involucrados directamente en el misterioso hallazgo de los manuscritos llamados los  "Libros Plúmbeos" -Ver Google- (= se trata del quinto evangelio= una fusión islám/cristianismo en 22 volúmenes): Afuqqay, alias Si Ahmed, llamado a traducirlos al castellano y Cervantes siguiendo  de cerca las peripecias y las repercusiones de este asunto. 
Si Ahmed y Cervantes compartiendo un enigma que queda aún sin esclarecer.  
¿Fuente de inspiración para Cervantes?
Conclusión del Dr. El-Outmani: "En realidad, una vez establecida la mencionada conexión (bejarana) entre El Quijote y la cuestión morisca a través de los Libros Plúmbeos y el quinto traductor, no ha sido difícil dar  con el significado de "Benengeli" que quiere decir en árabe “hijo de bastardo”, o “hijo de sangre sucia”. Cide Hamete Bejarano era morisco, por lo tanto “hijo de bastardo”; lo que equivale a decir, desde la óptica de Cervantes y de su época, un “cristiano nuevo”.  
Hay que  señalar en este contexto que dentro del antagonismo entre cristianos viejos y cristianos nuevos, existía la creencia de que éstos pertenecían a una "raza bastarda", por descender de Ismael, mientras que aquéllos descendían directamente de Isaac.


VER TAMBIÉN:



                          C- Ahora bien, ¿Qué relación tienen entre sí Avellaneda, CHB y Cervantes? ¿Pueden ser la misma persona?
Como sabéis este autor anónimo escribe otro Quijote para burlarse de Cervantes.
Cervantes en el Quijote dice: “Porque este Avellaneda es como Orbaneja, un pintor que estaba en Úbeda…” (II, 71).
Pero los cervantistas demostraron que este pintor no tiene nada que ver con Avellaneda. (37)
Empezaron a especular y a barajar otros nombres (36): Fr. Vindel piensa que Avellaneda es Alonso de Ledesma: enemigo mortal de Cervantes (26); J. G. Soriano cree que es Alonso del Castillo Solórzano (27); Clemencín lo relaciona con el nombre del bisabuelo del autor (40); Pellicer: piensa que es Fray Luis Alíaga; Astrana Marín: Alonso Laureles  o  Antonio de Sigura; Rodríguez Marín: Juan Blanco de Paz, del  Santo Oficio; Ramón Díaz Solíz: Tirso de Molina; Martin de Ríquer: Gerónimo de Pasamonte (el Ginés de Pasamonte en el Quijote, (28)

“Causa admiración, subraya Cervantes, ver 2 Quijotes y 2 Sanchos a un mismo tiempo, tan conformes en los nombres como diferentes en las acciones, (II, 72).

“He tomado por medio, dice Avellaneda, en su Prólogo, entremesear la presente comedia con la simplicidad de Sancho Panza, huyendo de ofender a nadie ni de hacer ostentación de sinónimos voluntarios, si bien pudiera hacer lo segundo y mal lo primero”.
Queda mucho por descubrir sobre la identidad de este individuo.
El caso Avellaneda es digno de ser resuelto por Hércules Poirot.
Pero los cervantistas no se fijaron en el extraño anagrama que encierran estas dos palabras /Orbaneja de Úbeda/  en:
“Porque este señor (Avellaneda) es como Orbaneja, un pintor que estaba en Úbeda…” (II, 71), donde podemos leer en anagrama tres niveles de pistas:

1. Avellaneda= abea neda / (había nada) = personaje ficticio.
2. Orbaneja=  /b e r e n g e na/ o Benengeli  puesto en la boca de Sancho;
3. Orbaneja se lee también como = obra ajena, enajenada, =  /nada había/ o habia nada…. Las tres pistas apuntan en dirección de Cervantes.  

Antes de morir DQ suplica al cura y a Sansón Carrasco que, si descubren a Avellaneda, le pidan perdón “por la ocasión que le he dado para escribir tantos y tan grandes disparates como en ella escribe”….
Vemos que el libro firmado por Avellaneda es falso solamente desde el punto de vista de Don Quijote y no  de Cervantes. Por eso cabe preguntarnos:  ¿Quién ha muerto? : ¿DQ o Cervantes?


3. El uso de los anagramas como ocultación del texto.
                 Expongo tres ejes =   Ambigüedad, perspectivismo y anonimato.
                                                 (60% del contenido de la novela)

Algunos ejemplos de ambigüedad=
                   -« Yo te digo, Sancho amigo, que son borricos, o al menos, a mí tales me parecen”; Don Vicente se llama, o al menos, así se llamaba hace dos horas” (II,60)
                -“Eso que a ti te parece bacía de barbero, a mí me pareció yelmo de Mambrino y a otro le parecerá otra cosa” (I, 45).
                  -El ama de Don Quijote no lleva ni nombre ni apellido. Nada sabemos sobre ella. Sin embargo es la que se ocupa de aspectos más graves de la novela: la quema de los libros de Don Quijote (I,6), la instigadora directa de la locura de éste, la responsable de las disputas entre Sancho y su amo y al final la administradora de los bienes de DQ, (II, 73).
               -Tampoco sabemos algo sobre la sobrina de DQ cuyo nombre es revelado al final, pero sólo para ridiculizarla.
                -El narrador principal de la novela, su personaje clave (35), Cide Hamete Benengeli (CHB), es envuelto en una inmensa capa de niebla, junto con los demás narradores.
              -El Quijote carece de autor y de narrador: “Los autores de este caso escriben que...” (I, 1). El narrador de los 8 primeros capítulos no es nombrado. CHB aparece en el capítulo 9 luego desaparece en el 28 para reaparecer al final. Todos ocultan “la fuente” del manuscrito arábigo.

El editor es también anónimo. Aparece para condenar la fidelidad  supuesta del traductor: “en todo esto, afirma, no guarda ninguna puntualidad” (II, 60). Hasta los mismos personajes ponen en tela de juicio la versión de aquellos. “En esto, constata Sancho, anda errada esta historia” (II, 3); “Ahora digo, afirma DQ, que no ha sido sabio el autor de esta historia, sino algún ignorante hablador”; “Digo que dicen que dejó escrito el autor que… (II, 12); cuentan que, (II, 44) 71.; ¿qué se dirá en la cuarta parte de esta narración? Que en este punto dio fin a la tercera parte de la narración el sabio y astuto historiador CHB, (I, 27)
                   -El verbo /parecer/ se repite 923 veces; en cambio, /verdad/, solo 443 veces.
                    -El texto queda en muchos pasajes huérfano y anónimo:
“Llegando a escribir el traductor este capítulo, dice que le tiene por apócrifo, porque en él habla Sancho con otro estilo del que se podía prometer de su corto genio, y dice cosas tan sutiles que no quiso el traductor traducirlas por cumplir con lo que a su oficio debía. (II, 5).
                -“Aquí pinta el autor todas las circunstancias de la casa de don Diego, pero el traductor de esta historia le pareció pasar muchas semejanzas en silencio...”
                 -“Dicen que en el propio original de esta historia se lee que llegando CHB a escribir este capítulo, no lo tradujo su intérprete como él lo había escrito y que fue un modo de queja que tuvo el moro de sí mismo.”(II, 44)
                   -“Autores hay que dicen...otros dicen que…pero lo que yo he podido averiguar en este caso y lo que he hallado escrito en los anales de la Mancha…” (I, 2)
                 -“Si a esta historia se le puede poner alguna objeción acerca de su verdad, no podrá ser otra sino haber sido su autor arábigo, siendo muy propio de los de aquella nación ser mentirosos”, (I, 9)
                   -“Real y verdaderamente, exclama el editor, emocionado, todos los que gustan de semejantes historias como ésta deben de mostrarse agradecidos a CHB, su autor primero, por la curiosidad que tuvo de contarnos los mínimos detalles  de ella, sin dejar cosa, por menuda que fuese, que no la sacase a luz distintamente: pinta los pensamientos, descubre las imaginaciones, responde a las tácitas, aclara las dudas, resuelve los argumentos, manifiesta los átomos del más curioso deseo, ¡OH, autor celebérrimo! Puntualísimo escudriñador de los átomos de esta historia”, (II.50, II, 40).

  4. Los silencios más problemáticos del Quijote.

“El mismo silencio daba silencio a sí mismo” (II, 69)
“La misma conciencia daba voces callando” (I, 36).
En el silencio absoluto, las susurradas palabras del caballero… (I, 16)
Dios me entiende, y no digo más (II, 1)
Sancho no podía descoser la boca ni hablar palabra (I, 47)
Sin osar despegar los labios (II, 10)
Sin decir otra cosa, todo sepultado en silencio, (II, 53)
No respondía palabra, (II, 12)
El silencio semejaba un cementerio (II, 18)
Guardaron todos  silencio, (II, 68)
Y con todo esto nos hemos de coser la boca, sin osar decir lo que el  hombre tiene en su corazón, como si fuera mudo (I, 25)
El silencio fue allí el que habló por los dos amantes (II, 65)
Se quedaron mudos y suspensos, casi sin saber lo que les había ocurrido.

                    -La Monarquía y la alta sociedad quedan secuestradas en el anonimato y el silencio.
El Rey (II, 1) y el Virrey (II, 63) no llevan nombres, tampoco da Cervantes identidad al Duque y a la Duquesa 70. Pero lo que más nos sorprende de esta obra es el silencio y la implícita critica  corrosiva que hace de los eclesiásticos. El autor parece decidido a no nombrarlos. Es más: de la Iglesia, el estado más religioso de toda Europa (a 100% católico) y  teniendo en cuenta que hay más de 700 personajes en la novela, sólo encontramos curiosamente a los frailes de la orden de San Benito I,8; un eclesiástico II,35, un arzobispo II,1 y un  canónigo I,35. Ninguno lleva nombre.
Es más: el sintagma /católico/ aparece sólo 24 veces en la novela, mientras que el verbo  /dudar/ lo hace 222 veces, el sustantivo /nada/ 166 (29).
Ahora bien lo que más sorprende es la ocupación de estos religiosos: sólo leen novelas de ficción y se disfrazan…Y todos son maltratados y despreciados directa o indirectamente  por DQ.

He barajado la hipótesis de que El Quijote es un juego de ajedrez con un lector ideal. Cervantes sabe despistar al Santo Oficio para comunicar con el lector. El juego es interactivo, muy organizado y complicado.
¿Cómo logra desorientar la censura? Haciendo de un tema anacrónico e insignificante (La caballería andante) el eje de la novela, intercalando numerosas novelas, sembrando anagramas, dudas y confusiones. Por eso muchos enunciados de alta gravedad escapan al control despiadado de la Inquisición.
Incluso los pasajes que se censuran forman parte del amplio juego del despiste, como el que condena el Índice expurgatorio del cardenal Zapata cuyo decreto se lee en la página 905 del mismo:
“Miguel de Cervantes Saavedra. Segunda Parte del Quijote, capítulo 36, orden de borrar: Las obras de caridad que se hacen tibia y flojamente no tienen mérito ni valen nada.” Cervantes alude más o menos implícitamente al erasmismo para intercalar otros enunciados más críticos y contrarios al Santo Oficio.
“Su crítica, constata A. castro, es indirecta, alusiva y elusiva, sólo captable por quien se ponga a tono con el latir de la obra. Ciertos escritores se sienten situados sobre un suelo firme, sin sentirse estorbados por el mundo. Así poetizaron Lope de Vega y Goethe, seguros de su vía artística. Para Cervantes, el desde donde y el en donde eran tan problemáticos como el hacia donde” (31)
Quien conozca las condiciones en que se vive bajo regímenes en donde la sinceridad pude llevar a la tortura o a la muerte, tiene obligación de matizar sus opiniones. (32)

  5. ALGUNOS EJEMPLOS QUE BURLARON LA CENSURA.

-Con la Iglesia hemos topado… (II, 9)
-Llegué a Alemania, y allí, me pareció que se podía vivir con más libertad, porque en la mayor parte de ella se vive con libertad de conciencia, (II, 54).
“MAS quiero acostar a la sombra de una encina y arroparme en mi zamarro en libertad, que con la sujeción del gobierno entre sábanas de Holanda. (II, 53).
Dichosa edad…Todo era paz, amistad, concordia. La justicia se estaba en sus propios términos…Y ahora: en estos nuestros detestables siglos. (I, 11).
Sancho, quiero que aquí a mi lado te sientes y que seas una misma cosa conmigo, que comas en mi plato y bebas por donde yo bebiere. (I, 11)


Conclusión

El Quijote NO es una propiedad exclusivamente española o de un individuo.
El Quijote, justo después de ser censurado por la Inquisición, "emigró" a Europa y América donde impactó y marcó a grandes genios de las letras, quienes mejor lo interpretaron y comprendieron su valor trascendental. El libro "vuelve" a España tras casi tres siglos de ausencia, esa larga ausencia en la que Occidente lo adoptó, analizó, divulgó y programó como obra maestra de arte en las mentes universitarias. Señal muy simbólica. El impacto fue pues más duradero y más profundo fuera que dentro de España. Y ello fue gracias a las traducciones que arrancaron justo después de esa injusta censura. Y todo el mundo sabe que después de la Biblia, no hay otro libro en el mundo tantas veces editado, traducido y comentado.
Ahora bien, como suele ocurrir con la lectura de las grandes obras, uno entiende lo que le permite su grado de inteligencia, formación y cultura. Los contemporáneos de Cervantes se rieron a carcajadas; tras la censura, en Europa los intelectuales se quedaron perplejos al descubrir los profundos temas existenciales y filosóficos que encierra la obra; muchos perdieron la sonrisa, otros lloraron; algunos intelectuales españoles del siglo XX corroboraron aquellas interpretaciones e intentaron colmar esa ausencia y lo lograron estupendamente... pero como ya dije, uno, según su nivel, puede defender a ciegas un prejuicio de lectura durante toda su vida...

Avalle-Arce: la inmensa mayoría de nosotros somos quijotes fracasados ya que nuestros pobres proyectos de vida se dejan imponer por las circunstancias…El loco que nos divirtió y del que nos reíamos de tan buena gana, era nuestro doble: éramos nosotros mismos. (34)
DQ es el héroe de lo Mismo, todo su ser no es otra cosa que lenguaje, historia ya transcrita…palabras entrecruzadas que pertenecen a la escritura errante por el mundo, Foucault, (35)



Notas.

1.  G. Correas, Vocabulario de refranes y frases proverbiales, p. 172.
2. B. Gracián, "Agudeza y arte de Ingenio", cité par Rosenblat in La lengua del Quijote, Madrid, Gredos, 1978, p. 46.
3. Ibid. p. 51.
4. « De la dissémination », Critique, 261 et 262, Paris, Minuit, 1969, p. 113.
5. Avalle-Arce, « La sémiologie de la narrativité chez Saussure, Essais de la théorie du texte, Paris, Galilée, 1973.
6. b. Gracián, in Rosenblat, op.cit., p. 160.
7. op.cit. p. 183.
8. G. Correas. Op.cit. p. 185
9. Diccionario de la lengua española de la RAE, 18e Edi. Madrid, 1958.
10. Dauzat, Dictionnaire étymologique des noms de famille de France, Paris, Larousse, 1951, p. 292.
11. G. Correas, op.cit., 1627, Ed. Barcelona, 1976, 623.
12-18, J. Canavaggio, Cervantes, Paris. Gallimard, 1987. pp. 20, 21, 45, 56, 27, 29, 105, 174, 147.
19. L. Jenny, " La surréalité et se signes narratifs ", Poétiques, 16, 1973, p. 511.
20. A. Castro,  El pensamiento de Cervantes, Barcelona, 1972, p. 21.
21.  Dic. Op. Cit. pp. 571 y 591.
22. S. Freud, Le mot d’esprit et ses rapports avec l’inconscient, Paris, Gallimard, 1969, p. 189.
23. M: Foucault, Les Mots et les Choses, Paris, Gallimard, 1969, p. 313.
24. op.cit, p. 134.
25. O. Asín, La hija de HAjí Morato en la obra de Cervantes, Madrid, Aguirre, 1948.
26. Cité par S. de Robles, Ensayo de diccionario de la literatura, Madrid, Aguilar, 1964, p. 128.
27. op.cit. pp. 203 y 266.
28. Riquer, Martín de. Cervantes, Pasamonte y Avellaneda. Barcelona: Sirmio, 1988.
29. Rosenblat, op.cit. p. 346.
30, 31. A. Castro, op.cit. p. 122
32. Ibid.
33. Lo Ré, A.G. "The three deaths of Don Quixote: Comments in Favor of the Romantic Critical Approach". Bulletin of the Cervantes Society of America. Volume 9, No. 2 (Fall 1989): 21-41.
34. Avalle-Arce, op.cit. p. 121.
35. M. Foucault, op.cit. p. 132.
36. S. Gilman, "Los inquisidores literarios de Cervantes", Actos del tercer congreso literario de hispanistas. México, 1970, pp. 3-25.
37. El Quijote de Avellaneda aparece en Tarragona, Tordesillas. Novela adaptada por Le Sage en 1704. 
38. U. Eco, « Sémantique de la métaphore », Tel Quel, 55, Paris, 1973. CF, aussi : L. Jenny, "La surréalité et ses signes narratifs", Poétiques, 16, 1973, p. 511.
40. Clemencín identifica al duque y a la duquesa como siendo Don Carlos de Borja y Doña Luisa de Aragón, ambos duques de Villahermosa, op.cit.



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