martes, 12 de julio de 2011

La estructura narrativa de ·Un café céntrico·, de Mohamed SIBARI



In memóriam.

 Mohamed SIBARI



La estructura narrativa de “Un café céntrico”, de Mohamed SIBARI

 

Publicado en La Mañana.

23/07/1999.

 

Preámbulo

Se entiende por cuento un texto referencial con desarrollos espacio-temporales. La unidad superior a la proposición que en él se analiza es la secuencia narrativa, constituida al menos por un grupo de tres proposiciones: dos atributos y un proceso de transformación (medición) que permite dicha transformación. Para explicar estas secuencias existen muchos métodos de análisis, pero creo que el que presenta Friedman, completado por Brémond, es el más adecuado con respecto al cuento presente. Ambos autores se inspiran en la Poética de Aristóteles.

 

1.  Tipología del texto

Se trata fundamentalmente de un cuento corto porque los acontecimientos se exponen de por sí solos (sin marcas autobiográficas) y porque predominan el indefinido y el imperfecto de indicativo, tiempos de la historia. El primero es perfectivo porque da comienzo y fin a los acontecimientos y el segundo, imperfectivo, por describir sucesos duraderos en curso de realización. En cuanto a los demás tiempos, presente, futuro y uso del subjuntivo, inauguran el discurso y fundamentan la enunciación. Historia y discurso se entremezclan pues en este texto para crear un mundo posible donde evolucionan unos personajes problemáticos que, desde el principio, no dejan indiferente al lector.

M. Sibari narra acontecimientos pero al hacerlo se enuncia escribiendo y en su escritura hace que otros individuos, creados por él, se anuncien: todo parece como si el autor fechara los sucesos que narra (proyectándolos sobre la escena textual) y remitiera indirectamente personajes y lectores a la cronología supuesta del universo narrado.

El narrador es extradiegético, por ser ausente del relato y omnisciente, por manipular todas las transformaciones narrativas. Así, la focalización es a la vez absoluta porque remite a un lugar concreto llamado Un Café Céntrico y relativa por inscribirse en el enunciado y en la enunciación.

 

2.  Procesos de narración

          - El argumento. Trata del implacable cinismo e insoportable maledicencia de unos funcionarios maleducados que pasan gran parte de su tiempo a criticar a los demás.

         -  La trama. Estos funcionarios (son cuatro) se citan en un café céntrico para denigrar y hablar mal, no solo de la gente, sino de ellos mismos.  Aparece un quinto personaje e intenta poner fin a este estado de cosas.

 

3. El título del relato

Es el determinante "un" que introduce el sustantivo /Café/ en el discurso. Con este indefinido, el narrador parece como si no quisiera dar una pista concreta al lector: el lugar de la narración aparece como otro cualquiera, siendo céntricos muchos cafés. Pero el adjetivo /céntrico/ encierra a la vez una calificación y una denominación: indica un lugar céntrico donde se eleva un café y un lugar llamado “café central”. Pese a la indeterminación del artículo, el adjetivo, además de calificar, connota, y es lo que ocurre en el título. La connotación, siendo extralingüística, brinda pues un saber suplementario al lector. Así, deducimos que “un café central” no es sino el emblemático café central de Larache.

El título siempre sirve de enganche y de aperitivo, ya que es al lector a quien se pone en el punto de mira: si es un lector inteligente comprenderá e intuirá a través del texto que algo insólito sucede en "Un café céntrico". El título inaugura y marca pues el acceso a la enunciación narrativa.

 

4. Los deícticos

Los Deícticos son las palabras que se interpretan en relación con la situación de comunicación. Los deícticos necesitan que se muestre de algún modo a qué se refieren. Si se usan oralmente, puedes indicar o mirar aquello de lo que estás hablando.

El narrador nos introduce en un mundo con un tiempo propio: todas las tardes, después de la oficina, y todas las mañanas de los días festivos, unos “amigos” se encuentran en un escenario concreto (el emblemático café central de Larache), para entregarse a una tarea precisa: calumniar.

El espacio constituye una isotopía global que remite anafóricamente al título del cuento. El café central es un deíctico espacial porque permite la organización de la posición del cuerpo o de los cuerpos de los actantes.

El tiempo, en cambio, implica deícticos que toman como origen el momento en que los actantes hablan, momento que corresponde al presente de indicativo. Es decir el momento de la enunciación coincide con un "yo" que lo instituye.

Por ejemplo, cuando el primer funcionario dice:

 

/A mí siempre me gusta tener el congelador lleno/, distinguimos tres aspectos, a- el pronombre personal, b- el  predicado, c- el tiempo usado.

 

Al analizar decimos que si la presencia del sujeto se lee en a-, el tema de su enunciación, se lee en b- y c-.

 

5. El proceso verbal

Por falta de espacio, renuncio a exponer el proceso verbal vigente en el cuento, pero sí recordaré al menos su funcionamiento, completando lo que dije arriba.

El indefinido es causal, ya que el conjunto de las acciones narradas son solidarias y dirigidas (R. Barthes) hacia un desenlace. Es perfectivo y postula la ausencia de la primera persona:

 

/le ayudaron, le buscaron alojamiento, lo avalaron/,

/Les ofreció dinero, les dijo, se fue, todos pagaron, etc. /

 

El imperfecto. Se llama así porque no es apto para plasmar la cronología enunciativa ni permite a él solo narrar los acontecimientos. Sirve más bien de decoro y comentario. Es un tiempo falso en el momento cero de la enunciación.

El perfecto. Los procesos están desunidos por expresar una fase en el pasado y la otra en el presente. El pretérito perfecto es, en realidad, un presente. Cuando el protagonista dice:

 

/Mi hijo me ha enviado este giro/, el interlocutor puede aún ver ese giro en directo.

 

El presente. Es el tiempo del discurso por excelencia porque coincide a la vez con el momento de la enunciación y con los enunciados de los actantes.

El esquema semiótico siguiente lo explica con claridad:

 

 

Estando en el café.

Fuera del café.

Narrar en pasado.

Presente

Perfecto

Indefinido        

Imperativo

Subjuntivo

Imperfecto

Futuro

Condicional

 

 

 

Las secuencias del cuento (presentación, trama y desenlace) son elaboradas con una fría metodología dramática: los personajes evolucionan según los procesos narrativos y la intriga es llevada a cabo mediante el engarzamiento de tres historias paralelas: la que se desarrolla en el café, fuera del café y las que giran en torno al pasado y al futuro.

                          

6.  Los personajes

Algunos dirán que son de papel, pero remiten mayormente a verdaderos personajes estanciales y no gramaticales porque son seres determinados y porque tienen papeles decretados.

Para decir "yo”, hace falta tener un cuerpo y una conciencia, es decir, ser a la vez tiempo y espacio y sufrir cambios. En esto radica la noción de personaje. Cuando digo "yo”, hay que distinguir dos aspectos diferentes: el individuo que habla y el enunciado que le hace hablar y que habla de él. Al decir "yo", uno se instituye en vida; y al decir “tú", el que lo dice instituye en vida a otra persona. Solo "yo" puede decir "tú” y vive versa. Y es esta interlocución que Sibari expone magistralmente en su cuento: el locutor, al interpelar al interlocutor, al mismo tiempo que le da vida, se instituye él mismo en un ser consciente, o sea, hace posible, a través de tres palabras (yo, tú, él) un mundo verosímil donde ciertos individuos actúan deliberadamente en virtud de ciertas intenciones que aclararé más adelante.

El texto literario no es un mensaje absoluto y claro, sino un dispositivo ritualizado donde son distribuidos papeles puntuales programados con intenciones precisas.

 

7.  La modalización narrativa

La modalidad es la expresión de la subjetividad en el texto. Se puede detectar de varias formas: con la entonación, el gesto o la mirada, la puntuación, el estilo directo o indirecto, la ironía, la polifonía.

Por falta de espacio, hablaré solo del uso del adjetivo.

La categoría adjetival interesa el análisis sintáctico (cohesión textual), pero a nivel semántico (coherencia textual), el adjetivo "subjetiviza" los procesos de la enunciación. Es lo que se llama la modalización.

En el cuento de Sibari la deriva isotópica prefigura unilateralmente un mundo de degradación moral porque, salvo el nuevo funcionario en llegar, todos los demás tienen como preocupación básica blasfemar, difamar y burlarse de sus semejantes. El cinismo logra su remate por ser los protagonistas funcionarios de estado y no gente ordinaria. Solo el adjetivo los califica porque, por razones que explicaré abajo, el autor renuncia a nombrarlos.

El primer funcionario es descrito pródigo por él mismo pero avaro por los demás; el segundo, honrado según él y su hijo pero indecente, según sus colegas; el tercero, honesto/deshonesto; el cuarto, valiente pero mujeriego, llorón y mentiroso. Solo el nuevo funcionario parece ser idéntico y auténtico, educado, pulcro y generoso.

 

8.  La intertextualidad

Esta profusión de adjetivos antagónicos (antinomia) perturba la lectura. Los artículos indefinidos y ciertas alusiones siembran la confusión. Algunos personajes delegan sus opiniones a otros individuos ausentes. Es lo que se llama la intertextualidad: cualquier texto o enunciado es el resultado de varios textos transformados. Su función es crear la ambigüedad.

Don Quijote, por ejemplo, para no comprometerse, en vez de decir: "no creo que el diablo exista", decía: "Fulano de tal no cree que…" o "Mengano me ha dicho que no cree que el diablo...".

El estilo indirecto, en vez de recuperar fielmente la anunciación del primer locutor, cambiando solo los deícticos, hace que el segundo locutor altere completamente el discurso y presente una realidad contraria, como en los adjetivos ya citados.

¿Por qué quiere el autor sembrar la indeterminación en la mente del lector? ¿A quién defiende? Si no quisiera comprometerse, habría hecho como Don Quijote. Si quisiese defender al quinto funcionario, lo habría hecho explícitamente.

¿Entonces?

Una lectura profunda revelará que existen indicios en el cuento que muestran una verosimilitud: lo que se dice en el estilo indirecto resulta ser más verosímil que lo que se dice en el estilo directo.

Normalmente las cosas suceden así:

Estilo directo:    /Me gusta tener el congelador lleno/, dijo.

Estilo indirecto: /Dijo que le gustaba tener el congelador lleno/.

Pero en el cuento de Sibari las cosas se presentan con más complicación: en el estilo indirecto los signos lingüísticos se invierten por completo.

Lo que dice un funcionario lo desacredita otro por completo:

 

/Compré muchas cosas en el mercado/,

/Pero si este muerto de hambre solo come sardinas/.

 

/Mi hijo me mandó un giro/

/Pero si su hijo no trabaja/.

 

/Encontré una cartera al ir a rezar/

/Pero si nunca entró en una mezquita. En cambio, come carne de cerdo y se emborracha/

 

/Aquella mujer está loca por mí/

/Pero si fue ella la que lo rechazó/

 

En el estilo directo, en regla general, un individuo se presenta como locutor de su enunciación.

En el estilo indirecto, este individuo se ausenta y su enunciación es desvalijada por otro locutor quien se encarga de reproducirla fielmente, cambiando solo los deícticos, que pierden su aspecto funcional. En cambio, en el caso del cuento de Sibari, la situación es totalmente diferente y hay que reconocer que el autor ha innovado mejorando este registro: aquí los personajes se denuncian y desmienten lo que avanzan, no en cara de cada uno, sino a espaldas, cada vez que se ausenta uno de ellos, creando así una situación altamente interesante, porque los personajes, en este caso insólito, muestran ser lo que no son, o sea, falsos, y al ser así, tienden a menospreciar a los demás y a menospreciarse a ellos mismos.

 

Sin entrar en detalles, he aquí un gráfico, copiado del corpus de Greimas, donde he intentado plasmar sus caracteres:

Resumiendo:

- Las flechas horizontales indican los contrarios.

Donde /Ser y parecer/ equivale a /Autenticidad/: uno es lo que parece y parece lo que es.

(Es el caso del quinto funcionario)

Y donde /Parecer y no ser/ equivale /Mentira/

- Las flechas oblicuas indican los contradictorios: muestran escenarios de paranoia, esquizofrenia y la irrealización del ser.

 

9.  El narrador omnisciente

En el relato de Sibari, el que narra los acontecimientos no aparece en el texto y no deja ninguna huella para delatarse. Sin embargo, gracias a él, sabemos más cosas sobre los personajes que ellos mismos.

Es el narrador omnisciente. También es extradiegético por estar fuera del cuento. Su función es describir los hechos a su modo, y hasta se inmiscuye en la intimidad de los personajes y actúa en su lugar. Lo hace gracias a lo que se ha llamado últimamente el discurso indirecto libre o DIL. Se podría creer que es una mezcla del estilo directo e indirecto. Sin embargo hay un matiz: el DIL disocia ambos actos de los dos estilos y borra la autonomía de los nexos del estilo indirecto. De hecho, se apoya en una forma peculiar de intertextualidad: la polifonía. En lugar de una voz directa o diferida en el enunciado, aparecen voces múltiples y entremezcladas donde nadie se responsabiliza por la enunciación: en lugar de la primera persona, el texto utiliza la tercera o el pronombre impersonal. Como en El Quijote: "dicen que, se dice que...", "un grupo de funcionarios cínicos piensan que…", "el quinto funcionario dice que…". En el relato de Sibari no hay ningún nombre ni pistas para identificar cosas y personas, incluso hasta las opiniones que exponen los personajes (si se lee bien el cuento) parecen pertenecer a otros personajes ausentes y fuera del texto.

 

¿Por qué tanta ambigüedad? ¿Qué se propone el autor al actuar de esta forma?

El DIL es utilizado para restituir la realidad social y elaborar un cuento riguroso gracias al valor estético que el autor funda en la fuerza de la lengua y en las normas literarias: por el sesgo del DIL, el autor otorga la libertad y el derecho de existir al narrador (identificado como el quinto funcionario).

El DIL le permite expresarse fuera del texto, fantasear y ser testigo de los hechos sin atraer la atención de nadie ni comprometerse. Es el ordenador del texto: tiempo y espacio, personajes y situaciones, todo depende de su decisión de ordenar o no el escenario, de parar o no la acción, de dar fin o no a la narración.

 

10.  La diseminación argumentativa

La teoría de los actos de lenguaje está en el centro de las investigaciones científicas que se llevan a cabo en la pragmática. Estipula que cualquier acto de lenguaje tiene como objetivo cambiar o alterar la actitud del oyente, ordenándole hacer o no cosas, impidiéndole o no otras. Si el oyente reacciona, se abre la polémica o la argumentación.

En el relato de Sibari, se puede destacar tres actos de lenguaje específicos: los ilocutorios (cuando los personajes cumplen algo diciéndolo), los locutorios (la forma que utilizan para expresar lo que dicen) y los perlocutorios (los efectos, negativos o positivos que provocan en el interlocutor y en el lector).

 

El cuento presenta claramente estos actos de lenguaje: el locutor expone un hecho (compárese las frases citadas) de una forma argumentativa porque quiere convencer y a la vez "impactar" al interlocutor. Justifica su aserción. Cada uno de los cuatro funcionarios actúa de esta forma. Pero tan pronto como terminan sus frases declarativas, los demás interlocutores pasan al ataque: en vez de confirmar los hechos de sus colegas, los desmienten simplemente, pero con argumentos fidedignos y aplastantes.

Sibari muestra magistralmente que la lengua es a la vez expresión y actuación, lenguaje y acción. El texto acaba, en efecto, con un acto a la vez perlocutorio e ilocutorio: cuando el quinto funcionario concluye:

 

/No me voy porque temo que habléis también mal de mí/

 

Podría haber censurado abiertamente a sus colegas, haberles reprochado su cinismo en la cara. Sin embargo, por ser educado y reservado,  prefirió condenar dicha actitud utilizando la tangente de la broma, asociando el reproche al proceso de la micción. Este acto perlocutorio es sumamente pedagógico porque, por muy torpes que sean sus colegas, todos entendieron, aún con la sonrisa en la boca, que su actitud (la de ellos) es indigna, desleal e imperdonable.

 

CONCLUSIÓN

Es un cuento logrado porque en él se dan todos los ingredientes que exige este género, con sus implicaciones referenciales adecuadas y pertinentes: la condena de una clase de individuos que, en vez de ser útiles a su familia y a la sociedad, pierden gran parte de su tiempo chismorreando y difamando a sus semejantes en un café céntrico. Hay condena porque el quinto funcionario, que llega de otra ciudad, les da una lección de moral y de buena conducta. Cambia su estado psíquico al desenmascararlos y mostrarles su verdadera naturaleza (la de unos viles charlatanes) y los invita pedagógicamente a reprobar su actitud.

Hay en este cuento un estilo simple porque lo exige el contexto, pero nítido y riguroso, una imaginación abrumadora y una poesía que pocos logran exponer en este género narrativo.



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