lunes, 26 de diciembre de 2011

La llave y otros relatos, de M. Chakor: Un análisis discursivo










Mohamed CHAKOR, 







                                                                   (Primera publicación: el 3/6/2000)

 

1- E1 libro de relatos que me propongo presentar en este artículo, La llave y otros relatos, ofrece interesantes aspectos literarios porque,  contrariamente a lo que se publica en este campo, este libro es a la vez un texto narrativo y un discurso sobre la situación histórica y actual de las minorías que representan los moriscos y los palestinos.

Tanto el contenido como la forma están elaborados mediante un conjunto de recursos estilísticos y lógicos que hacen que el estilo del autor alcance su máxima realización.

Cabe destacar en el libro seis ejes temáticos y tres discursivos.

 

        A- Contenidos temáticos

- El devenir de los moriscos expulsados de España y sus avatares actuales.

- Palestina y su tragedia histórica.

- La mujer musulmana, sus deberes, derechos e ideales.

- Bibliofobia.

- Colonialismos del siglo XX.

- Amistad, amor y misticismo.

 

        B- Contenidos discursivos

- Meditación sobre los temas citados.

- Avatares de las diásporas actuales.

­- la superación de los integrismos, fanatismos e injusticias...

 

2. El autor distingue con maestría y nitidez el relato del discurso.

En el primero presenta los acontecimientos como si se desarrollaran ante nosotros de por sí solos. Evita, mediante elipsis, las marcas del subjetivismo y del expresionismo. Utiliza en su debido lugar los pretéritos indefinido e imperfecto, por ser estos tiempos funda­mentales del relato.

Pero paralelamente ubica el discurso en los mismos tejidos lingüísticos y el lector no puede dejar de sorprenderse al descubrir la otra cara del texto, la del discurso: marcas de subjetividad, utilización de la primera persona (narrador no omnisciente), expresión de las modalidades y construcción de los tiempos del discurso: presente de indicativo, pretérito perfecto e imperativo.

 

De hecho, Mohamed Chakor procede como un alquimista: narra historias de interés fundamental para los que vivimos en este fin de siglo, pero lo hace estructurando dicha narración ilocutoriamente, es decir, se enuncia enunciando y, en su escritura, hace que otros individuos, los receptores del mensaje, se enuncien a su vez. Todo parece como si el autor primero y verdadero fechara los acontecimientos que narra, proyectándolos sobre la escena del texto del lector, y al mismo tiempo, remitiera indirectamente personajes y lectores a la cronología supuesta del universo narrado, metafóricamente comparado a un iceberg, donde lo visible representa las minorías morisca, sefardí y bereber y lo invisible, la historia fundamental de Al-Ándalus.

Conviene destacar tres focaliza­ciones:

- Absoluta: lugares físicos, históricos y actuales.

- Relativa: juicios y modalidades del narrador y de los personajes.

- Síquica: impacto que la narración produce en el lector.


 

3. Los procesos de la narración

El contenido argumentativo común es el destino (histórico y actual) de las minorías arriba citadas. Formal y semán­ticamente, el texto, metáfora de las diásporas, entretiene una relación conflic­tiva respecto a la sabiduría popular (la oralidad de la convivencia) y sus detractores que, sin escrúpulos, luchan por borrarla.

 

A-    Estructura general del libro: el autor aboga por una sociedad multirracial, multicultural,  tolerante y justa.

B-    Título del libro: el título sirve siempre de enganche e inaugura y marca por sí solo el acceso a la enunciación narrativa. La metáfora de las llaves remite a dos contextos fundamentales: Boabdil entrega la llave real de Granada a los Reyes Católicos (por lo que se inicia un largo período de expulsiones de las minorías religiosas) y la llave como metáfora propiamente dicho (solución y desenlace final para la diáspora).

C-    Los personajes de la narración. En el relato, los personajes son papeles actanciales investidos por los pronombres personales y sus sustitutos (pronombres posesivos). En el discurso son los moriscos, los sefardíes y los bereberes, sin olvidar a los palestinos.

 

El primer capítulo evoca al celebérrimo Sidi Abdellah Molina El-Andalusí, héroe de las Alpujarras y santo para todos los musulmanes. Su nieto, que narra los acontecimientos de forma extradiegética, recuerda como aquellos le construye­ron un Mausoleo para eternizar "la conciencia andalusí" y donde todos pueden consultar valiosos documentos que preservan y perpetúan la cultura morisca".

En el segundo cuento, Sidi Mohamed Chupira, extraordinario personaje, a la vez sabio y loco, se propone llevar a cabo la misión profética de "despertar a los narcotizados de toda índole y de todos los tiempos".

En el tercer cuento, el narrador presenta una encarnizada lucha entre el amor y el desamor, el altruismo y la indiferencia, entre Eros y Tánatos, logrando el primero derrotar al segundo, mediante una peculiar técnica.

En el cuarto cuento el narrador condena el bombardeo de Sabra y Chatila, y expone cómo y por qué es “Una herida que sangra en la conciencia de toda la humanidad”.

El quinto cuento es una apología de las cualidades femeninas, el himno al amor, la belleza, la vida y la inteligencia de la mujer: Hayat, la heroína de múltiples hazañas que cristalizan dicha apología, se propone "reilusionar a esta humanidad triste, pesimista, escéptica y empobrecida espiritualmente, forjando una sociedad basada en las fuerzas del amor y de la fe".

En el sexto cuento, el narrador se lamenta porque donde había biblio­tecas y librerías, solo encuentra manicomios, cárceles y funerarias.

El último relato, uno de los más entrañables, trata de los avatares de un personaje, Alí El Hozmri, de cuarenta años, inválido, conocido vendedor de loterías y protagonista de los últimos acontecimientos del Protectorado español en Tetuán. Una historia donde el amor y la muerte hacen y deshacen destinos enteros.

 

Relato tras relato, el lector siente cómo Mohamed Chakor presenta, no mensajes absolutos o hechos plasmados en la historia, sino un dispositivo ritualizado donde son distribuidos papeles actanciales precisos para alcanzar metas determinadas. Por eso conviene precisar que el primer nivel de la narración es solo un pretexto al verdadero texto, visible en el nivel dos: el devenir injusto de las minorías antes citadas. La narración puede parecer mimética al lector mediano. Eso es debido a la alquimia semántica que Chakor Mohamed manipula con destreza: la historia es narrada paralelamente al discurso inma­nente donde toma la palabra un narrador omnisciente que hace que dialoguen otros personajes para justificar lo narrado y orientar 1a narración en su debido tiempo. "Si perdemos nuestra memoria, dice el narrador principal, corremos el riesgo de desaparecer para siempre". En otro párrafo exclama otro narrador: "Nuestra sangre ibérica (bereber, árabe y sefardí) hace que seamos la simbiosis de una civilización verdaderamente ecuménica. Consideramos el pluralismo cultural una riqueza y no una desgracia.” Y podría multiplicar estos ejemplos que en realidad se proponen una sola meta: hacen progresar la narración e inaugurar diálogos cada vez más problemáticos.

 

4. Tiempo-espacio

Es inicialmente Al-Ándalus y exteriormente los lugares de la diáspora. Los deícticos espaciotemporales son recurrentes y pertinentes, ya que remiten a la posición y al punto de vista del narrador principal, fuente del discurso y de la enunciación, es decir, se organizan junto a la conciencia que los engendra. "Nuestro éxodo, dice el narrador, empobrece a España". En otra parte, continúa, "Hemos dado artistas y  sabios en todos los campos y hemos dado ciudades perennes".

En cada caso el lector es invitado a remitirse a la historia de Al-Ándalus y a los acontecimientos actuales en relación con aquella.

 

5. La estructura semiótica

El autor utiliza sentencias y juicios para abrir y cerrar cada relato.

La enunciación principal que firma el texto es: ¿cómo recuperar la llave que en un momento dado de la historia permitió la convivencia y la fraternidad en la justicia y en el amor de las minorías?

No es pura casualidad si el lector avezado descubre el hecho siguiente: la llave que ilustra la portada del libro, acompañada de un versículo, tiene la forma de un 7 invertido, pues no cabe duda que configura los 7 relatos expuestos en él. Se puede también ver en el número la metáfora de la creación universal en 7 días  y el símbolo que este número tiene en la filosofía griega queda patente (NB- Este artículo contiene también 7 apartados).

En esto consiste la estructura semiótica de la obra de Mohamed Chakor. Podría ilustrarlo con más detalles por el sesgo del cuadrado de Greimas pero temo aburrir al lector con tantos gráficos. No obstante, cabe retener tres itinerarios de la estructura:

 

          - Total convivencia de las minorías bajo el reino de Abderramán III,

         - Trama trágica de la expulsión,

         - La diáspora actual.

 

6. La diseminación argumentativa

La teoría de los actos del lenguaje está en el centro de las investigaciones científicas que se llevan a cabo en la pragmática. Estipula que cualquier acto de lenguaje tiene como objetivo cambiar o modificar la actitud del oyente, utilizando recursos lingüísticos específicos destinados a convencer, persuadir, disuadir, obligar...

El autor elabora sus relatos teniendo en cuenta los tres actos fundamentales del lenguaje (Austin: 1982): el locutorios (el hecho de decir), el ilocutorios (el hecho de cumplir lo que se dice) y el perlocutorios (el hecho de provocar efectos sobre el interlocutor).

Me basta un ejemplo para ver cómo implica el autor al lector en la trama principal: "Despertaos, dice Sidi Mohamed Chupira; no os dais cuenta de que las armas del enemigo son el dominio del saber para intoxicarnos mejor; acaso no veis cómo injurian a nuestro profeta; no olvidéis de que detrás de cada acción está la mano oculta de los hierofantes del templo del vil metal...".

Podría también aquí multiplicar estos ejemplos, pero confío en que el lector saboreará personalmente esta técnica.

 

Conclusión

Escribir no es solo contar cosas. Es también desempeñar un estilo particular que consiste en convertir la lengua en metalenguaje. Es lo que llamo la alquimia del verbo. Y Mohamed Chakor alcanza este nivel en toda su narración.

Lo hace gracias a múltiples efectos semánticos.

La adjetivación iterativa y la deriva isotópica le sirven de trama en sus relatos para recrear respectivamente espacio y tiempo de la estructura semiótica citada arriba. Ambos actos son espasmódicos. El autor describe fríamente y con cálculo las pasiones de los personajes que crea con meras palabras. La descripción le sirve, como he dicho, para detener la narración. La mimesis muestra lo acontecido y remite a la catarsis y a la identificación por el lector con el personaje.

Por otra parte, Mohamed Chakor utiliza la diégesis como técnica de subversión y agresión al texto, no como adorno  (como suele ocurrir en otros escritores), sino como violación de la sintaxis. El autor infringe conscientemente la regla general de concordancia, haciendo eco a la expulsión de las minorías que acaba con la concordancia inicial, la coexistencia y la simbiosis social en Al-Ándalus, y lo hace así porque creo que persigue el esfuerzo de desarrollar una imagen que libere la literatura de la necesidad de hacer ver cuadros e imágenes dramáticos, en vez de acciones sincréticas y movedizas. De allí esa impresión sorprendente que invade al lector: ver situaciones y no solo signos.

La literatura entretiene una relación esencial con lo que se ha llamado intertextualidad, que estipula que un texto es el resultado de una o varias transformaciones, un producto de otros textos. Los relatos de Mohamed Chakor comunican de forma permanente esa relación, si bien el lector ducho parece tener la impresión de estar leyendo su propia historia, siendo el leitmotiv: el destino de los descendientes de Abraham.

Dicha impresión es lograda gracias a tres formas del discurso: el discurso directo (donde un mismo sujeto hablante-los personajes del relato- se presenta como locutor de su propia enunciación), el discurso indirecto (donde un locutor se encarga de representar la enunciación citante -los protagonistas del relato-) y el discurso indirecto libre, que disocia ambos actos discursivos e invita al lector a formar parte de la trama textual -el narrador principal del relato. Con este método, Mohamed Chakor logra restituir la realidad histórica y elaborar unos relatos rigurosos que no son fáciles de olvidar.

 

La llave es un libro logrado porque en él se dan cita todos los ingredientes lingüísticos que exige este género literario. Las secuencias de cada relato son elaboradas escrupulosamente; los personajes evolucionan según los conocidos procesos de transformación narrativa y las intrigas son llevadas a cabo mediante la mezcla del encadenamiento, el entrelazamiento y el engarzamiento de los acontecimientos.

Hay en cada relato nitidez estilística, vigor literario e imaginación fértil.

Elementos todos ellos pertinentes para permitirnos llamar a Mohamed Chakor el aristócrata del verbo.

 

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